viernes, 15 de agosto de 2014

Maldón


Normalmente usamos metáforas de naipes para describir situaciones. “Tiene un as en la manga”, “poner las cartas sobre la mesa”, “barajar y dar de nuevo” o “es un cuatro de copas” tienen mucha salida. ¿Por qué no sumar la parábola del maldón, para referir a situaciones en las que no nos vemos favorecidos, y quisiéramos corregir?

En el juego del truco, se propone como salvoconducto ante un ligue paupérrimo. Te tocan dos cuatros y un cinco por ejemplo, y tirando las cartas gritás “maldón”, entonces se reparte de nuevo. Obviamente, no siempre se acepta y suele generar suspicacias. ¿Por qué, el hecho de  recibir todas las cartas de menor valor nos habilitaría a poder cambiarlas?... De onda. Se desconoce el origen de esa chantada pero se acostumbra a esgrimirla de vez en cuando, y vale. Argentinamente.


Si en la vida pudiéramos, cantaríamos maldón ante un sueldo bajo, un lunes negro, un amor malogrado, una mala noticia.
Y estaría bueno. Que la palabra dicha generara cambios concretos; que la apócrifa pero simpática regla valiera en la vida cotidiana.
-Nos presentan una mina que además de ser fea es mala y tiene mal aliento: maldón! – y mandan otra en su reemplazo. Ponele.


¿Ante qué cosas cantarías maldón? ¿Quién te reparte las cartas? ¿Quién es el pie, en el truco de tu vida? ¿Dios? ¿Vos mismo?

Te la dejo picando, y en esta mano paso. Por un rato me voy al mazo.



miércoles, 13 de agosto de 2014

Panty te quiero


Hay mujeres a las que siempre se les corren enseguida y otras a las que les duran meses.


Por lo tanto, niña, dime cuánto te dura tu media entera sin correrse y te diré cómo eres.



martes, 22 de julio de 2014

Eso es todo, Amigos?...


Vi por la tele un documental junto a mi hijo. Argumentaban allí que el hombre nunca llegó a la luna y que lo del Apolo 11 fue todo una simulación. Me puso de mal humor. Mi hijo, ya informado sobre la teoría conspirativa, repetía con displicencia las pruebas, adhiriendo quizá, y/o abierto también a lo contrario. Noté que le daba lo mismo si era cierto o no lo que el programa ventilaba; con su estilo de no sorprenderse demasiado de casi nada, a sus once años. Si pisamos o no la luna no parece cambiarle nada. ¡Pero a mí, sí!








Según el informe, aquellas tomas de 1969 supuestamente eran trucadas y no habían sido hechas en superficie lunar sino en un set de filmación o en un lugar alternativo, como el playroom o la habitación de servicio de la casa de los Kennedy.


Se me movió el piso. ¿Cómo es posible? Si fue así; ¿cómo pudieron engañar 40 años al mundo? Mi vida entera se pone en duda: si es mentira que llegamos a la luna, puede ser mentira cualquier cosa.
Mi hijo continuó el zapping hacia otros canales. Yo sigo inquieto y aún no puedo cerrar la mandíbula. ¿Cómo se atreven a venir así como así a moverme la tierra (o la luna) tan de golpe?


Las teorías conspirativas también son una conspiración en sí mismas. Comparto su afán de hacernos dudar sobre el orden establecido por los relatos oficiales, pero convengamos también, de algo hay que asirse para vivir. La confianza es importante. Creer en la historia del hombre. Confiar en que algo sucedió de verdad. En este caso, lo vieron nuestros padres! Lo vieron millones de personas por la tele en directo, emocionados, un gran salto para la humanidad! ¿Y ahora vienen estos molestos a mearnos el asado? "Lo que pasó, pasó" dijo Daddy Yankee... ¿O ahora tampoco fue él?




Pero si fuese cierto que nunca llegamos a la luna, ¿qué otras cosas podrían ponerse en duda? ¡Todo!... Pueden nuestras grandes verdades ya no serlo. La penicilina podría ser una mentira y dar un mero efecto placebo, Sarmiento pudo haber sido mal alumno e incluso quedado libre por faltas. Lo del genoma humano puede ser todo un verso; la tierra no girar ya más hace rato alrededor del sol; hasta el video de Wanda pudo haber estado trucado!


Hay que creer o reventar, dice el dicho. Prefiero creer, todavía. Reventar, mancha.


Instaurar el Día del Amigo fue iniciativa de un argentino, un tal Febbraro, quien lo propuso ese día: el 20 de julio, el del alunizaje (o será “alucinaje”?) como un gesto de amistad de la humanidad hacia el universo.
Que la Amistad existe, es un hecho, tal vez el más hermoso.



Bajemos por ahora el raro trago con otro trago, y parafraseando a Groucho:

“Todo el mundo debería creer en algo. Yo creo que voy a seguir bebiendo.”




domingo, 29 de junio de 2014

La Mara y los límites de la libertad


En el zoológico hay animales más protagónicos que otros. Cuanto más grande, simpático o depredador, o si su imagen ha sido beneficiada por Disney-Pixar, más miradas acapara.

Pero como mi atención suele recalar en los de menos prensa, perdedores o desplazados, quiero traer hoy a colación a esas criaturas insulsas, tímidas y de perfil bajo que pululan fuera de las jaulas.  Son las maras, o liebres patagónicas. Las ubicás, supongo. 
De tamaño perro y apocada personalidad, intentan infructuosamente pasar desapercibidas; a veces hasta simulan ser estatuas. Son para mí, animales “extra”. Ni protagónicos, ni secundarios. No dicen nada. Están ahí, simplemente. Pasan corriendo. Como a los extras, les han marcado una mínima acción: que caminen; que crucen de vez en cuando. Y no intentes relacionarte con ellas, porque enseguida salen de cuadro.


Supongo que alguien sembró a las maras en el zoo, allá por el 1900. Habrá dejado un casalito, a ver qué pasaba, y se empezaron a multiplicar hasta las miles que son hoy. Algún gen de sometimiento las debe gobernar, ya que andan sueltas y en la historia de las maras ninguna se ha escapado. 

Bien podrían contar tres y salir corriendo por la entrada de Libertador hasta perderse en zona Rosedal, y sin embargo ninguna quiere huir. No piden nada. Nadie se hace mucho cargo de ellas. Son homeless. No tienen cucha. Se tiran por ahí, cuando todos nos vamos. No tienen cuil ni obra social; muy cada tanto aparece alguien del Sutep (sindicato de extras) para ver si está todo bien.


Investigando un poco: la liebre patagónica no es una liebre. Llamada con el suspicaz nombre científico de Dolichotis Patagonum(*), se trata del roedor casi más grande que existe; aunque parece no saberlo. Es netamente argentina. 

Y como si eso fuera poco, es monógama. Un detalle que esclarece algunas cosas. Siendo que muy pocos roedores, y menos de un 5% de todo el reino animal es monógamo, de ahí puede venir su resignada docilidad; podría dejarnos más claro porqué no se raja a la mierda.


Las maras forman pareja de por vida. No tienen facebook; eso también ayuda. Ojo, tampoco se las ve muy apasionadas. Al no estar enjauladas, están menos en cautiverio que el resto de los animales, pero convengamos, es una libertad con límites autoimpuestos.  (Como todas las monogamias.)
Imaginemos a cualquier otra especie, suelta por el zoo… Los monos, por ejemplo. Claramente, eso sería libertinaje.
Un mono con navaja, agarrate.

A la mara, en cambio, dale una victorinox de las grandes y quedate tranquilo que ni fu ni fa.


(*) lo de Dolichotis, es posta.

jueves, 29 de mayo de 2014

SEXO, MENTIRAS Y FLIRTEO

El romanticismo ya fue. La sinceridad fue ganando terreno en la sociedad. Realities en múltiples formatos, ahora las redes sociales, hacen su aporte para sincerarse y confesar el minuto a minuto de los sentimientos.

Cada vez más gente pugna por conocer la verdad de la milanesa cruda. En el terreno amoroso, la tendencia también viene llamando a las cosas por su nombre. Es típico hoy decirle “te amo” a un hijo; cuando antes se le decía “te quiero”. Padres e hijos usamos el “te amo” genuinamente; ahí no se duda. En cambio cada vez más se dice menos a un amante. Descorrido el velo del amor conyugal, develada la antigua falacia de la incondicionalidad en la pareja, sabemos hoy que hay requisitos que el otro debe cumplir para que el amor siga funcionando. El “te amo” de pareja lleva implícitos puntos suspensivos; te amo mientras me seas fiel, te amo mientras me des la cantidad de hijos que quiero, te amo mientras me acompañes en lo que necesito y no me contradigas, te amo mientras no traigas problemas económicos, te amo mientras me des energía y exclusividad como al principio.

¿Hasta dónde va a llegar la sinceridad? En twitter o facebook la gente bromea con su escasa frecuencia sexual, confiesa amores tórtolos o desamores resentidos, muestra pies enroscados o fotos del desayuno que su amante le trajo a la cama. 



Pero ser sincero entra en conflicto directo con ser romántico. “Miénteme como mienten los boleros”, cantaba Sabina, sincerándose. Mienten las canciones, las películas románticas. Todos lo sabemos pero igual seguimos jugando al juego del romance, porque el que no miente no coge. Los solteros, incluso, deben omitir información, hacer llamadas “de mantenimiento” a sus amantes, seguir regalando cierta energía para que la cosa no se enfríe. Es un “trabajo” que se toman quienes no quieren perder el palenque donde estacionar sus equinos deseos.










Escucho las quejas de muchas mujeres sobre la “histeria” masculina. Considero que el fenómeno de la histeria llegó al varón para quedarse. De hecho, desarrollo el tema en mi libro, cuyo subtítulo es, justamente, “Historias e Histerias Masculinas.” Pero quizá estemos usando mal el término, y esa histeria no sea más que sinceridad. Sinceridad con uno mismo y sus ganas y sus miedos. Los varones veníamos con el mandato de estar “siempre listos” a complacer sexualmente a la mujer que lo requiriera. Y a menor dificultad para el abordaje, mayor la reflexión sobre el deseo de concretarlo.



“Lo invité a cenar a casa. Venimos viéndonos cada tanto. Transamos a veces. Cociné un pollo. Me dice que viene, que mejor no, que me quiere ver, que sí, que no, “ok, ahí voy”. Después me llama que está cansado y no viene. Gato floro. Yo le digo “aflojá, no quiero ser tu novia, somos amigos…” O le doy miedo o se siente ahogado, o no se… Es un histérico.”

No; a ver... Está abriendo el paraguas. Si te ve más veces sabe que va a venir el “nosotros qué somos?” y (tal vez por ahora) no quiere que sean nada más que ese “transamos a veces”. Todos los varones creemos que las mujeres quieren avanzar en la relación; todos creemos que después del sexo ellas van a querer casarse. Es una verdad instalada y de algún lado habrá salido. A las mujeres les da bronca y corren a aclararlo, ofendidas. La cabeza del varón funciona claramente después de tener sexo; la de la mujer, antes. Son mundos antagónicos: el tipo excitado no piensa; es un palomo en celo y puede llegar a decir cualquier cosa. Las mejores poesías, grandes epopeyas o hasta guerras se han desatados por pasiones y pulsión sexual. (¿O debemos llamarlo romanticismo?)

Está bueno ser sincero y decir lo que nos pasa. Tendremos menos romance, sí; pero también menos guerras. 

miércoles, 21 de mayo de 2014

La gente se divide

1-El niño rico se come sólo el relleno de la merengada; las desenrosca y tira a la mierda las tapitas.

2-El niño de clase media desenrosca una y tira la otra tapita, cada tanto, cuando nadie lo ve.

3-El niño pobre se come, con suerte, la merengada entera.

4-El niño con conciencia de clase o culposo, se come las tapitas primero y deja el relleno para el final.











Cada cual hace lo que hace, pero seamos francos: las tapitas no son ricas. Son una excusa para acceder al interior. Es cierto que el relleno sólo, tampoco es fácilmente tragable. Tal vez la solución sea una sola tapita. O fabricar merengadas con tapas más finitas.

Confieso que actué como el niño 2. Y que mi hijo, sin que seamos ricos, siempre actuó como el 1. 
Yo como soy culposo nunca le dije nada. Y supongo que escribo esto por conciencia de clase.
Como la del niño 4.







(Tejiendo hipótesis a la hora del te.)

lunes, 19 de mayo de 2014

sobre La Escucha


Podrías solamente escuchar? 


Cuando te pido que me escuches, y empezás a darme consejos, no hacés lo que te pedí.

Cuando te pido que me escuches, y empezás a decirme porqué no debería sentirme así, estás pisoteando mis sentimientos.

Cuando te pido que me escuches y sentís que debés hacer algo para resolver mi problema, me estás fallando, por más extraño que te parezca.

Escuchame!
todo lo que te pido es que me escuches, no que hables o que hagas algo, solamente escuchame. Los consejos son baratos.
Cuando haces algo por mí que yo puedo y debo hacer por mí mismo, contribuís a mi temor y a mi torpeza; pero cuando aceptás como un simple hecho que siento lo que siento, no importa cuán irracional sea, entonces sí que puedo dejar de
tratar de convencerte para empezar a comprenderlo. Yo solo.

Los sentimientos irracionales tienen sentido cuando entendemos lo que hay detrás. Y cuando está claro, las respuestas son claras y no necesito consejos.
Tal vez por eso rezar funcione para mucha gente, porque Dios es mudo y no da consejos para tratar de arreglar las cosas. ¡Tan solo escucha y te deja resolverlo por vos mismo!

De modo que por favor: solo escuchame. Si querés hablar, espera un minuto tu turno y yo... te escucharé.





* Sobre la Escucha Generosa. GL Coaching (Guido Samelnik)

viernes, 9 de mayo de 2014

Paranoid Android (Radiohead). Tremendo tema en 3 versiones.


TREMENDOS PIBES DE JRENG! Una revelación.


BRAD MEHLDAU. Piano solo. Finoli. Tirate en el suelo y bajá la luz.



Y estos son dos primos que se mandan y suena bonito. Me va la onda subte D.

domingo, 27 de abril de 2014

SACATE EL ANTIFAZ - Un ensayo sobre los perfiles falsos y la infidelidad en facebook.



Al diez por ciento de facebook lo conforman perfiles falsos. No es poco. Son más de 100 millones en el mundo los que simulan ser otros. De allí, muchos se hacen pasar por famosos. Debe haber 3000 Justin Bievers, cientos de Luisanas Lopilato y hasta cuatro o cinco Claudias Lapacó. Pero esos perfiles suelen ser de niños, de cuerpo o mente, por lo cual quedan fuera de este análisis. Los que me interesan son quienes se inventan perfiles para descubrir trampas, enterarse qué anda su ex pareja o verificar la fidelidad de la actual. Es decir, los masoquistas. No hay que verificar nada, salvo que tengas que hacer una transferencia automotor.

Esos perfiles falsos son altamente nocivos. Es como querer ser invisible para ver qué dicen de vos. En general no dicen nada; no te conviene. En cualquiera de sus formas: estar pendiente del ex, es arrastrarse. Escudriñar al actual, paranoiquearse.
Conozco varias historias sobre el tema; y como para muestra basta un botón, relataré una que puede ilustrar una botoneada facebookiana:

Sandra, una contadora de 36 años, luego de dos de noviazgo, se arma un perfil falso para probar cuán fiel es Juan, su pareja. Para ello despliega una creatividad inusitada: cuelga varias fotos que encuentra en la red, de una muy bonita veinteañera, llamémole hache. “Helena” es su falsa identidad erigida como una carnada que cualquier varón querría morder. Desde allí solicita amistades a la marchanta y así aparecen algunas decenas de amigos enseguida. (Es algo común en facebook: muchos se aceptan sin conocerse; contrariamente a la realidad de la calle. No sabemos ni cómo se llama el vecino de al lado, pero de un desconocido amigo facebookiano, conocemos si almorzó canelones, si usa sunga, o cuánto pesó su sobrinito al nacer. )














Cuando su falso perfil ya está a punto de caramelo, Sandra invita a Juan a ser amigo de Helena. Obviamente, su novio cae y comienza una “relación” virtual entre ambos. El no entiende al principio porqué semejante bombón lo ha buscado, pero le sigue el juego. Ante la belleza extrema nos ponemos tontos; Juan chatea con Helena, primero tímidamente; al poco tiempo fluye el ida y vuelta y ella da una estocada: le propone encontrarse. Y el chorlito acepta.

El final es abrupto, triste y patético: Sandra va a la cita y corta el noviazgo, no sin antes maldecir a Juan de arriba abajo y hasta pegarle un par de bofetadas.










La conclusión de esa historia es por lo menos, discutible. Como en esos debates en que la diferencia de géneros divide aguas; aquí el femenino, a su vez, construye diques.
Múltiples charlas con mujeres sobre infidelidad, me han conducido a reforzar viejas teorías o elaborar nuevas. Es un tema tan controversial como apasionante y que a nadie es indiferente. La sangre bulle con él: a todos nos ha rozado al menos una vez en la vida. Mi cerebro ya lleva 1000 kilómetros de conversaciones sobre el tema.
Ya establecí que el género femenino no se pone de acuerdo entre sí como el masculino. Pero no lo establecí aquí, si no en el kilómetro 270, por lo que voy a repetirlo: las opiniones de las mujeres son más diversas que las de los varones. Ante la misma pregunta, nos encontramos dos o tres respuestas masculinas y 17 femeninas. Conformando más tipologías, las mujeres, más allá de discutir a priori a los varones, suelen menospreciar calurosamente las opiniones de otras cuando refieren al amor, compromiso y fidelidad.
Hay algunas que piensan que hombres y mujeres somos iguales en el sexo y, argumentando igualdad de derechos se mandan orondas al ruedo de la infidelidad; patrimonio que oficial e históricamente parecía exclusivo de los varones. Pero la sexualidad masculina y la femenina son claramente distintas. La infidelidad es horrible, porque es horrible la mentira. Pero no podemos dejar pasar que es distinta según el género. Por empezar, el varón comúnmente podría introducirse en casi cualquier cosa que lo excitara. No por nada el viejo chiste de “si pesa más de un kilo y tiene agujero…”



La infidelidad, claro, es vil y miserable pero seamos francos: su oponente, el angelito de la fidelidad debe librar continuas batallas contra el deseo y el instinto.
La fidelidad es una elección y un acto de buena voluntad. Un compromiso entre partes, implícito en parejas, jurado en religiosos y firmado en matrimonios. E infiero: para dicho acto de voluntad el varón es quien debe hacer más fuerza, ya que sortea mayores tentaciones en el día a día. ¿Por qué? Es sexualmente visual. Algunas damas gritarán: ¡yo también! Bueno; el caballero es mucho más visual que la dama; en la calle o en los medios, la carga erótica es habitual y el bombardeo de imágenes es lógico que pueda (y deba) cachondear al más visual de ambos. 











Por supuesto, el hombre que decide ser fiel a rajatabla (y a su mujer), sabe que carga  imágenes durante el día que luego descargará en casa, dentro de ella. Como las fotos que uno baja a la compu, la energía sexual acumulada pasa a través de lo que vendría a ser nuestro cable USB, que es el conducto seminal y desemboca en nuestra amada. Es sabido que en el acto sexual se mezcla iconografía de toda índole y que hasta se utilizan pensamientos desagradables para retardar el orgasmo.
Gabriel Rolón en su libro “Encuentros, el lado B del amor” afirma que en el momento del orgasmo, uno está solo. “El orgasmo es de uno, no de la pareja. En ese momento final lo que se espera es que el otro no moleste. Es un acto que se disfruta en la más profunda soledad. Algunas personas incluso pueden decirlo: “quedate quieto… no te muevas… dejame a mí… no me digas nada”, u otras frases por el estilo. Es decir que lo que el amante pide en ese momento es que se lo deje solo con su cuerpo, con sus sensaciones, en la posición que más le gusta y con sus fantasías incluso, porque allí aparece toda una cuestión que no es de dos sino de uno. Y conocer y respetar ese momento es parte de la construcción de una pareja.” 









Ese “no molestar” que describe Rolón es de ambos. Refrendando lo dicho insisto con el tema visual masculino: el varón utiliza sus fantasías (imágenes) en el acto sexual casi del mismo modo que lo hace en la masturbación. Esto es distinto en la mayoría de las mujeres. Así como también es distinto el significado del sexo: ellos jamás sentirían que están siendo infieles, por ejemplo, contratando a una trabajadora sexual. Donde no hay vínculo, no hay más que descarga orgánica. Ellas, en cambio, jamás podrían identificarse con el discurso del personaje central de la obra “El Protagonista”, de Luis Agustoni, cuando se justifica: “Yo no te fui infiel! Yo me masturbé dentro del cuerpo de otra.”

Los varones tienen más separado el sexo del amor y podrían, físicamente, “servir” a cualquier hembra que los excitase. Muchas mujeres pueden entender esto; aunque no aceptarlo. Otras directamente lo niegan efusivamente y eligen la mentira; pero de eso hablaremos en otro momento.











El personaje de Agustoni plantea: “Acaso si me masturbo ¿te soy infiel?”

La mujer, en una de sus diecisiete tipologías, podría contestar “sí”. En otra, diría: “No si lo hacés pensando en mí. Pero pensando en otra, sí.” (Noveno Mandamiento en vigencia: “no desearás…”) En otra contestaría: “No. Pero dentro de otro cuerpo, sí.”

La retórica agustoniana podría detonar nuevas preguntas: “¿Si lo hago con una muñeca inflable?” “¿Si la muñeca inflable habla y tiene nombre y apellido?” “Si se trata de un robot cuyos dueños me cobran por hacerlo?”
Y la que es clave: “¿Hacerlo con una prostituta, es infidelidad?”


Es obvio que esas preguntas podemos invertirlas y hacérselas al varón sobre la mujer. Pero convengamos; la prostitución masculina no es significativa, y nunca un varón estaría celoso de un consolador. (Aunque sí encontré mujeres que se ofendían y hasta se ponía celosas si sus parejas se masturbaban.) Lo que el personaje de “El protagonista” quiere describir es el grado cero de compromiso con quien tuvo sexo. La falta total de emoción o nula ligación sentimental sobre el objeto-mujer, sobre el “agujero”, sobre el “pedazo de carne” en el que había eyaculado. Minimizando la traición, blandía el cartel de “no molestar” en su máximo exponente: declaraba una no-relación en esa relación sexual. No habría allí  pasado, presente ni futuro, ni conexión humana alguna, ni otra cosa que un acto “inocentemente” fisiológico.
Esa división acérrima entre sexo y emoción es básica, casi genética en el varón. En algunas mujeres puede darse, pero son casos raros, de naturaleza adquirida o ganada recientemente a siglos de cultura machista.




Más allá de considerar un chanta al personaje de la obra teatral, vamos a imaginar su circunstancia y tratar de entenderlo: es probable que se hubiera calentado con aquella con quien se acostó y al verse descubierto y acorralado, esgrimiera el argumento de la masturbación en cuerpo ajeno. Conozco múltiples casos de hombres que aman a sus mujeres y para los cuales “la carne tira” y exponen su matrimonio a la ruina por, (volviendo  a la metáfora cibernética), enchufar su USB en puertos foráneos.
Me dan mucha lástima esos casos. Una cosa es el mentiroso traicionero que mantiene una doble vida, que tiene amantes a quienes también les miente y que se involucra y fabrica relaciones. Otra distinta es aquél que alguna vez, con el disco rígido a punto de explotar porque la memoria está sobrecargada de imágenes, ante una circunstancia fortuita se “masturba dentro de un cuerpo” que quizá hasta le es cedido con intenciones similares y tiene tanta mala suerte que se entera la que es su esposa y deja de serlo.


Pero volvamos a Sandra, la paranoica contadora del perfil falso. ¿Si luego de muchos tests comprobara que ningún varón fuera capaz de resistirse a Helena, su invención virtual, se quedaría entonces sola para siempre? ¿O aceptaría finalmente cómo es el varón y no jugaría más con fuego? 




Que el 100% de los hombres podemos excitarnos con mujeres que no amamos, es bien sabido y no se discute. Freud habló claramente de la escisión del amor y deseo en el varón. Hasta estando súper enamorados y amando totalmente a nuestras mujeres, otras pueden tentar momentáneamente a nuestras cabezas. A ambas. Jacques-Alain Miller fue más allá y dijo: “El varón puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que pone en suspenso cuando ama.” Sugiere cierta  venganza contra la mujer amada, por dejar al varón en posición de débil dependencia. Miller sostiene que amar feminiza; su suegro, que era lacaniano, (de hecho era Lacan mismo) había dicho que amar es reconocer nuestra falta y dársela al otro.





No sabemos del todo qué es el amor, pero sí que queremos amar, y que no queremos que quienes amamos anden tocando a otros, ni siquiera en un chat. Y las preguntas van cambiando, también con la expansión de las redes sociales. Pero dejemos flotando esta: ¿Si supiéramos fehacientemente que nuestra pareja sucumbiría a un flirteo, elegiríamos, frente a esa realidad, no estar nunca más en pareja?
¿No es mejor no provocarlo?... ¿No es mejor no enterarse?
Por empezar, no recomiendo un perfil falso. Las profecías, casi siempre se cumplen.


martes, 25 de marzo de 2014

Muchas preguntas, está bueno


"Las crisis de los hombres se manifiestan cuando sus mundos se saturan de respuestas y escasean las preguntas."
                                                                                  Dalmiro Sáenz


martes, 4 de febrero de 2014

Gloria y olor









Mi amiga Daniela, describiendo el rechazo que le generaba al acercarse un conocido en común, replanteó un tema siempre vigente: 
¿hay que avisarle o no, a la gente que tiene mal aliento?

Yo nunca me animé a decírselo a quien lo tenía. Alguna que otra vez a un amigo le habré soltado un “… mmm, qué comiste?” para tantear si reparaba en su picantez bucal. Pero al que tiene mal aliento suele acompañarlo una disfunción sensorial por la cual jamás se da por enterado. Rechaza cuanto chicle Beldent se le ofrece, e incluso, ignorando completamente su hedor cloacal le habla bien de cerca a quien quiera escucharlo (y olerlo).










Es lamentable que al aliento y a los olores no se les de la importancia que tienen. Te van a presentar a alguien y reparás en cómo luce, a qué se dedica y qué auto maneja. El “cómo huele” lo dejás para la 3ra salida, siendo en realidad lo que anula o habilita todas sus demás cualidades. Un olor mal puesto en posibles zonas de intercambio, asesina relaciones, y es una pena. Me ha pasado de estar con chicas que eran hermosísimas, inteligentes, cálidas y honradas, pero que a la hora de los bifes -uff- daban ganas de convocar a manifestantes de Greenpeace por el impacto ambiental. Pienso que quizás nadie les avisó; no hubo en su vida una madre atinada, una hermana referente, no hubo un bidet amigo.


Los motivos que nos hacen salir corriendo pueden ser bien diversos. La foto de la madre, el oficio del padre, una mascota agresiva, una posición política, gustos exóticos, un hobby homicida. Cualquier cosa. Un dedo martillo. Un tweet desagradable. Hay rechazos por errores de ortografía (no para todo el mundo, pero sucede.)
Es que a veces el estilo arruina el contenido.
La cantidad de amiguitas-gatúbela que tiene un tipo en facebook puede desilusionar a una dama. Un clásico, en nuestros días.
O aquél caballero alto, musculoso y tan varonil que arruina todo con su timbre de voz: habla como si hubiera aspirado helio.

Los “me la seca” femeninos, los “me la baja” masculinos… están a la orden del día.
No abonemos a ellos con evitables descuidos aromáticos.






El sabor del encuentro


“El ph de su saliva”, como decía Cerati, también es fundamental. Hay algo que hace que conectemos con el otro, que tiene que ver con el lengua + lengua. Es lo que termina de armar una pareja. Y no son detalles menores; los cinco sentidos resuelven un todo en el enamoramiento. Así como un bocadillo desubicado puede ahuyentarnos al oírlo, un ph hostil a nuestra lengua nos conduce a sentir que la persona no es la indicada.

El tacto tal vez sea el menos importante de los sentidos. Más allá del “con fulanito tenemos piel”, no suele revestir conflicto alguno. Nunca escuché de alguien que cortara con otro porque tocaba algo rasposo en sus codos, o por el sudor de sus manos.
Por lo tanto, podríamos concluir, los sentidos, como cruciales electores de pareja, pueden disponerse así:

1-      vista, 2- oído, 3- olfato, 4- gusto, 5- tacto.

Puede alguien parecernos hermoso al verlo (1), al escucharlo (2) puede resultarnos un genio, pero si tiene olor a pata (3) huiremos de él, o seguiremos la relación sólo online.


Yo, por ejemplo, puedo enturbiar la vista o bajar la luz y hasta cortar el audio ante una eventual calentura con una señorita que me excita. Pero la hediondez me resulta inremable. 




El mal olor no puedo pilotearlo. 
Tal vez sea una manía personal, exagerada, que no comparta conmigo el común de la gente. Se que hay quienes prefieren los aromas que llaman “naturales” de ciertas zonas. No comparto. Para mi el aseo es fundamental y deben cuidarse especialmente las áreas a degustar.

Porque “billetera” matará galán, pero “baranda”, definitivamente mata galán, mata heroína, mata billetera, mata todo.


No logro entender los noviazgos a distancia, los enamoramientos vía chat, etcétera. ¡Hasta que no huela todos sus recovecos, nada será real!


También se ven parejas que uno supone, habiendo olfateado a un integrante, que conviven respirando por la boca o colocándose barbijos a ciertas horas.




Ojalá sirva esto para una toma de conciencia. Nadie va a avisarte nada, ahí afuera. Así que ojo; prestá atención. Que la boca no se te haga a un lado. Es tu socia en la vida de relación. A mantenerla inmaculada.

A la boca y, porqué no también, a sus demás sucursales.

viernes, 17 de enero de 2014

Facebook y las "noticias"

 “Todo vivir humano ocurre en conversaciones y es en ese espacio donde se crea la realidad en que vivimos.” 
                                                                   (Humberto Maturana)





Uno va eligiendo cuáles son sus temas. Eso “de lo que todo el mundo habla” se puede esquivar y enturbiando la vista puedo buscar lo que me interesa. Pueden mis ojos hacer oídos sordos a los “Trending topics”. Aunque, claro, al almorzar con mamá será inevitable que me ponga al tanto del noviazgo de Wanda o los millones facturados por shows de coreografías acuáticas. Noticias que no me quitan el sueño (si no todo lo contrario); son spam en mi cerebro. Facebook y twitter están atestados de eso: allí todos somos jefes de redacción, y decidimos lo que es noticiable; y por supuesto no hay criterio sano, ni justo. (Tampoco lo hay en los jefes de redacción.)
            La buena noticia es que las noticias ya no son importantes para todos. La sobreinformación y la puja entre los grandes medios nos hicieron perder el interés en ellos y las redes sociales tomaron el asfalto cocinando nuevos estilos de comunicación. Levantando noticias oficiales, sí, pero reinterpretadas por “civiles con onda”; allí cada uno esgrime con su impronta una defensa o ataque peculiar. Quien es activo, intenta darle al tema una vuelta de tuerca personal, y así sale del anonimato. Así le dice al mundo: “este soy yo, y si bien estoy en desacuerdo igual que ustedes con todo eso, yo lo expreso en color fucsia.”

           
Que las noticias son necesarias, se podría discutir. No lo son como el agua o el aire, claro. Pero sin enunciado alguno viviríamos como en la película “Náufrago”; inventándonos un Wilson para comunicarnos. La noticia al comentarse, genera “hermandad”. Nos es útil como punto de referencia, para saber quiénes somos. Si Tom Hanks no le dibujaba la carita a la pelota para hablarle, iba a olvidar quién era él mismo. Sin conversaciones, sin lenguaje, podía volverse loco.













            Pero las redes sociales han venido a dar color; a agregar nuevas formas de relacionarnos. Hoy la hermandad es real: siempre va a haber alguien que me palmee la espalda con un “me gusta” cuando cuente  mis cosas, mi uña encarnada, una buena nota, o el aumento de mis leucocitos. Facebook me referencia con los otros en espacio y tiempo, me clasifica por afinidades o desprecios; allí, como mínimo, estoy conectado.








  





            Cuando no hay noticias se las inventa. En los pequeños pueblos donde no pasa nada se andan diciendo cosas como “lo vi al Rubén con la bicicleta” o “había un ternero suelto por allá.” La red nos convierte hoy en generadores de noticias aldeanas que pueden girar por el mundo. Infinidad de botellitas con mensajes esperando ser vistas. Confesiones íntimas, chistes o blasfemias. Por cada nota que brota en los diarios o la tele, nacen millones de noticias bebés que corren por la orilla como tortuguitas hacia el mar. Las que sobreviven y crecen, pueden hacer famoso a su autor, al menos en su barrio virtual.

           
            También existen grupos que se twittean todo el tiempo, quienes incluso ni se conocen en persona pero se acompañan con opinión homogénea y critica permanentemente a terceros, como los viejitos en el palco en los Muppets.

            Personalmente no termino de comprender el fenómeno en el cual alguien llega a ser una celebridad virtual y nadie conoce su cara ni su nombre real. Existen muchos de esos casos; tal vez por ser actor me cueste digerir que alguien, pudiendo hacerse famoso por su talento creativo, elija el anonimato. En definitiva, el posicionamiento social no es para despreciar y ser populares nunca estuvo mal visto, salvo para Las Divinas en la tira Patito Feo.





Twitter y facebook son bien diferentes. En ambos se genera contenido propio, aunque también hay pasivos, que no postean nunca nada. (Suelen ser casados, o faltos de confianza. O las dos cosas.)
Facebook es un club relativamente pequeño. Admite hasta 5000 socios, pero es raro que un civil llegue a esa cifra, a menos que haya puesto la foto de Anne Hathaway y/o acepte a cualquiera.
Tiene más privacidad, si sabés usarlo. Nadie tiene porqué enterarse de quiénes son tus contactos. Twitter, en cambio, te expone; deja “todo al aire”. Se enteran a quién seguís. Te manda al frente con algo tipo: @LizSolari - Seguida por Pablo Novak y otros (pajeros, faltaría que pusiese).


            Lo que se torna insufrible tanto en uno como en el otro, es la publicación de cualquier cosa, sin discernimiento. “Hoooliss” todos los días, puede generarte enemigos. No sos un portero baldeando, para decir “Buen díaaaaa” todos los santos ídems.   

De tener onda a ser un plomo hay pocos pasos.
          No está bueno publicar “Me acabo de lavar la cabeza”, o “El centro está embotellado”; no agrega nada. Son noticias spam. A nadie suma un “Ay, me re corté afeitándome” o un “Me está por venir y me duele todo”, por campechano que sea el propósito.       

            También incinera el post “enigmático”; ese dirigido a alguien que tal vez ni figura entre los contactos: “A mal puerto fuiste por leña!” o “Lo que te perdiste…” o un menos sutil: “Pelotudo de mierda!”
            Esa descarga solo afecta a quien la profiere. Y más de lo que cree. La catarsis sentimental sin medir consecuencias, es prensa negativa y uno queda como quien hierve el conejo tras un abandono.
            “Entendí que yo era demasiado para vos.” – postea alguien. A los cuatro minutos agrega: “Al verte con tu novio, me di cuenta que es lo que realmente te merecías.”
            Es claro; la vergüenza ajena y sus genéricos nos brotan como soja en facebook.














            Son moneda corriente también, representando la contracara de los abandonados, otros entusiastas latosos: los amantes arrebatados, chorreando melazas como: “Sos lo mejor que me pasó, te re amo”… “Juntos hasta la muerte, mi amor, mi cómplice y todo!”… “Gracias por las flores y la noche que me distes”… - entre fotos con sábanas de seda.
            Para que al mundo le quede clara su felicidad, ostentar su bienestar sexual les parece obligatorio. El tortolismo facebookiano, claramente insufrible, merece otro análisis. Porque cualquier epístola amorosa podría (y debería) manifestarse por vía privada. Cuando el show-off se hace necesario, probablemente es porque hay que corregir algo; si no, es presumir; contar plata delante de los pobres. La sobreactuación denota una falta; ningún alma sensata se ufana de lo que le sobra.
            Es clásico en comedias románticas el sermón amoroso del muchacho a la chica ante miles de personas en un estadio. Eso cree hacer quien publica “Nadie me hizo sentir así” en el boletín oficial de su media naranja. Pero el efecto que consigue no es el aplauso del estadio; sépalo: la gran mayoría no lo estamos admirando sustancialmente.


            Más allá de los abusos, Facebook generó una revolución en el lenguaje; donde hay compañía, conversación, segmentación por afinidades, y feedback. Es como un gran recreo. Y adictivo, además. Y tentador para el creativo. Miles de millones en el planeta consumen las boludeces que anoticiamos minuto a minuto los civiles. El desafío viene siendo decir o hacer la mejor boludez de la red.


            Andy Warhol lo predijo en 1968 “En el futuro todo el mundo tendrá sus 15 minutos de fama”. Y colgando un video porno, ni te cuento.
            (Chicos, no hagan eso en sus casas.)