miércoles, 19 de octubre de 2011

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.

¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,

la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte

para cantar sus mares y sus espadas,

la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,

los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos,

la noche intemporal, el sabor del sueño?


Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.


Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,

ya el hombre se levanta a la voz del ave,

ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,

pero la sombra no ha traído la paz.


Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,

la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.


Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.


Ya los ejércitos me cercan, las hordas.

(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)


El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.


JORGE LUIS BORGES

(Y si tuviera un sombrero, me lo sacaría.)











3 comentarios:

  1. Pucha, yo tampoco tengo sombrero pero puedo hacer: "Clap clap clap clap...!!!" Algunos dicen que asi se escribe la onomatopeya del aplauso...Ponele.

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  2. Wow.... Lo entiendo, lo comparto, lo siento.
    A mí duele un hombre en todo el cuerpo y se me vienen todas las desilusiones de todos los hombres que dolieron mi cuerpo a lo largo de mi vida. Y el dolor se hace tan hondo por momentos, que uno cree que el alma es un lugar tan recondido que nunca termina de encontrarse o alcanzarse. Pero hasta allá jala y te arrastra en la profunda e inevitable tristeza de querer pasar el tiempo para olvidar lo que ni el tiempo torna inolvidable.

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