domingo, 27 de abril de 2014

SACATE EL ANTIFAZ - Un ensayo sobre los perfiles falsos y la infidelidad en facebook.



Al diez por ciento de facebook lo conforman perfiles falsos. No es poco. Son más de 100 millones en el mundo los que simulan ser otros. De allí, muchos se hacen pasar por famosos. Debe haber 3000 Justin Bievers, cientos de Luisanas Lopilato y hasta cuatro o cinco Claudias Lapacó. Pero esos perfiles suelen ser de niños, de cuerpo o mente, por lo cual quedan fuera de este análisis. Los que me interesan son quienes se inventan perfiles para descubrir trampas, enterarse qué anda su ex pareja o verificar la fidelidad de la actual. Es decir, los masoquistas. No hay que verificar nada, salvo que tengas que hacer una transferencia automotor.

Esos perfiles falsos son altamente nocivos. Es como querer ser invisible para ver qué dicen de vos. En general no dicen nada; no te conviene. En cualquiera de sus formas: estar pendiente del ex, es arrastrarse. Escudriñar al actual, paranoiquearse.
Conozco varias historias sobre el tema; y como para muestra basta un botón, relataré una que puede ilustrar una botoneada facebookiana:

Sandra, una contadora de 36 años, luego de dos de noviazgo, se arma un perfil falso para probar cuán fiel es Juan, su pareja. Para ello despliega una creatividad inusitada: cuelga varias fotos que encuentra en la red, de una muy bonita veinteañera, llamémole hache. “Helena” es su falsa identidad erigida como una carnada que cualquier varón querría morder. Desde allí solicita amistades a la marchanta y así aparecen algunas decenas de amigos enseguida. (Es algo común en facebook: muchos se aceptan sin conocerse; contrariamente a la realidad de la calle. No sabemos ni cómo se llama el vecino de al lado, pero de un desconocido amigo facebookiano, conocemos si almorzó canelones, si usa sunga, o cuánto pesó su sobrinito al nacer. )














Cuando su falso perfil ya está a punto de caramelo, Sandra invita a Juan a ser amigo de Helena. Obviamente, su novio cae y comienza una “relación” virtual entre ambos. El no entiende al principio porqué semejante bombón lo ha buscado, pero le sigue el juego. Ante la belleza extrema nos ponemos tontos; Juan chatea con Helena, primero tímidamente; al poco tiempo fluye el ida y vuelta y ella da una estocada: le propone encontrarse. Y el chorlito acepta.

El final es abrupto, triste y patético: Sandra va a la cita y corta el noviazgo, no sin antes maldecir a Juan de arriba abajo y hasta pegarle un par de bofetadas.










La conclusión de esa historia es por lo menos, discutible. Como en esos debates en que la diferencia de géneros divide aguas; aquí el femenino, a su vez, construye diques.
Múltiples charlas con mujeres sobre infidelidad, me han conducido a reforzar viejas teorías o elaborar nuevas. Es un tema tan controversial como apasionante y que a nadie es indiferente. La sangre bulle con él: a todos nos ha rozado al menos una vez en la vida. Mi cerebro ya lleva 1000 kilómetros de conversaciones sobre el tema.
Ya establecí que el género femenino no se pone de acuerdo entre sí como el masculino. Pero no lo establecí aquí, si no en el kilómetro 270, por lo que voy a repetirlo: las opiniones de las mujeres son más diversas que las de los varones. Ante la misma pregunta, nos encontramos dos o tres respuestas masculinas y 17 femeninas. Conformando más tipologías, las mujeres, más allá de discutir a priori a los varones, suelen menospreciar calurosamente las opiniones de otras cuando refieren al amor, compromiso y fidelidad.
Hay algunas que piensan que hombres y mujeres somos iguales en el sexo y, argumentando igualdad de derechos se mandan orondas al ruedo de la infidelidad; patrimonio que oficial e históricamente parecía exclusivo de los varones. Pero la sexualidad masculina y la femenina son claramente distintas. La infidelidad es horrible, porque es horrible la mentira. Pero no podemos dejar pasar que es distinta según el género. Por empezar, el varón comúnmente podría introducirse en casi cualquier cosa que lo excitara. No por nada el viejo chiste de “si pesa más de un kilo y tiene agujero…”



La infidelidad, claro, es vil y miserable pero seamos francos: su oponente, el angelito de la fidelidad debe librar continuas batallas contra el deseo y el instinto.
La fidelidad es una elección y un acto de buena voluntad. Un compromiso entre partes, implícito en parejas, jurado en religiosos y firmado en matrimonios. E infiero: para dicho acto de voluntad el varón es quien debe hacer más fuerza, ya que sortea mayores tentaciones en el día a día. ¿Por qué? Es sexualmente visual. Algunas damas gritarán: ¡yo también! Bueno; el caballero es mucho más visual que la dama; en la calle o en los medios, la carga erótica es habitual y el bombardeo de imágenes es lógico que pueda (y deba) cachondear al más visual de ambos. 











Por supuesto, el hombre que decide ser fiel a rajatabla (y a su mujer), sabe que carga  imágenes durante el día que luego descargará en casa, dentro de ella. Como las fotos que uno baja a la compu, la energía sexual acumulada pasa a través de lo que vendría a ser nuestro cable USB, que es el conducto seminal y desemboca en nuestra amada. Es sabido que en el acto sexual se mezcla iconografía de toda índole y que hasta se utilizan pensamientos desagradables para retardar el orgasmo.
Gabriel Rolón en su libro “Encuentros, el lado B del amor” afirma que en el momento del orgasmo, uno está solo. “El orgasmo es de uno, no de la pareja. En ese momento final lo que se espera es que el otro no moleste. Es un acto que se disfruta en la más profunda soledad. Algunas personas incluso pueden decirlo: “quedate quieto… no te muevas… dejame a mí… no me digas nada”, u otras frases por el estilo. Es decir que lo que el amante pide en ese momento es que se lo deje solo con su cuerpo, con sus sensaciones, en la posición que más le gusta y con sus fantasías incluso, porque allí aparece toda una cuestión que no es de dos sino de uno. Y conocer y respetar ese momento es parte de la construcción de una pareja.” 









Ese “no molestar” que describe Rolón es de ambos. Refrendando lo dicho insisto con el tema visual masculino: el varón utiliza sus fantasías (imágenes) en el acto sexual casi del mismo modo que lo hace en la masturbación. Esto es distinto en la mayoría de las mujeres. Así como también es distinto el significado del sexo: ellos jamás sentirían que están siendo infieles, por ejemplo, contratando a una trabajadora sexual. Donde no hay vínculo, no hay más que descarga orgánica. Ellas, en cambio, jamás podrían identificarse con el discurso del personaje central de la obra “El Protagonista”, de Luis Agustoni, cuando se justifica: “Yo no te fui infiel! Yo me masturbé dentro del cuerpo de otra.”

Los varones tienen más separado el sexo del amor y podrían, físicamente, “servir” a cualquier hembra que los excitase. Muchas mujeres pueden entender esto; aunque no aceptarlo. Otras directamente lo niegan efusivamente y eligen la mentira; pero de eso hablaremos en otro momento.











El personaje de Agustoni plantea: “Acaso si me masturbo ¿te soy infiel?”

La mujer, en una de sus diecisiete tipologías, podría contestar “sí”. En otra, diría: “No si lo hacés pensando en mí. Pero pensando en otra, sí.” (Noveno Mandamiento en vigencia: “no desearás…”) En otra contestaría: “No. Pero dentro de otro cuerpo, sí.”

La retórica agustoniana podría detonar nuevas preguntas: “¿Si lo hago con una muñeca inflable?” “¿Si la muñeca inflable habla y tiene nombre y apellido?” “Si se trata de un robot cuyos dueños me cobran por hacerlo?”
Y la que es clave: “¿Hacerlo con una prostituta, es infidelidad?”


Es obvio que esas preguntas podemos invertirlas y hacérselas al varón sobre la mujer. Pero convengamos; la prostitución masculina no es significativa, y nunca un varón estaría celoso de un consolador. (Aunque sí encontré mujeres que se ofendían y hasta se ponía celosas si sus parejas se masturbaban.) Lo que el personaje de “El protagonista” quiere describir es el grado cero de compromiso con quien tuvo sexo. La falta total de emoción o nula ligación sentimental sobre el objeto-mujer, sobre el “agujero”, sobre el “pedazo de carne” en el que había eyaculado. Minimizando la traición, blandía el cartel de “no molestar” en su máximo exponente: declaraba una no-relación en esa relación sexual. No habría allí  pasado, presente ni futuro, ni conexión humana alguna, ni otra cosa que un acto “inocentemente” fisiológico.
Esa división acérrima entre sexo y emoción es básica, casi genética en el varón. En algunas mujeres puede darse, pero son casos raros, de naturaleza adquirida o ganada recientemente a siglos de cultura machista.




Más allá de considerar un chanta al personaje de la obra teatral, vamos a imaginar su circunstancia y tratar de entenderlo: es probable que se hubiera calentado con aquella con quien se acostó y al verse descubierto y acorralado, esgrimiera el argumento de la masturbación en cuerpo ajeno. Conozco múltiples casos de hombres que aman a sus mujeres y para los cuales “la carne tira” y exponen su matrimonio a la ruina por, (volviendo  a la metáfora cibernética), enchufar su USB en puertos foráneos.
Me dan mucha lástima esos casos. Una cosa es el mentiroso traicionero que mantiene una doble vida, que tiene amantes a quienes también les miente y que se involucra y fabrica relaciones. Otra distinta es aquél que alguna vez, con el disco rígido a punto de explotar porque la memoria está sobrecargada de imágenes, ante una circunstancia fortuita se “masturba dentro de un cuerpo” que quizá hasta le es cedido con intenciones similares y tiene tanta mala suerte que se entera la que es su esposa y deja de serlo.


Pero volvamos a Sandra, la paranoica contadora del perfil falso. ¿Si luego de muchos tests comprobara que ningún varón fuera capaz de resistirse a Helena, su invención virtual, se quedaría entonces sola para siempre? ¿O aceptaría finalmente cómo es el varón y no jugaría más con fuego? 




Que el 100% de los hombres podemos excitarnos con mujeres que no amamos, es bien sabido y no se discute. Freud habló claramente de la escisión del amor y deseo en el varón. Hasta estando súper enamorados y amando totalmente a nuestras mujeres, otras pueden tentar momentáneamente a nuestras cabezas. A ambas. Jacques-Alain Miller fue más allá y dijo: “El varón puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que pone en suspenso cuando ama.” Sugiere cierta  venganza contra la mujer amada, por dejar al varón en posición de débil dependencia. Miller sostiene que amar feminiza; su suegro, que era lacaniano, (de hecho era Lacan mismo) había dicho que amar es reconocer nuestra falta y dársela al otro.





No sabemos del todo qué es el amor, pero sí que queremos amar, y que no queremos que quienes amamos anden tocando a otros, ni siquiera en un chat. Y las preguntas van cambiando, también con la expansión de las redes sociales. Pero dejemos flotando esta: ¿Si supiéramos fehacientemente que nuestra pareja sucumbiría a un flirteo, elegiríamos, frente a esa realidad, no estar nunca más en pareja?
¿No es mejor no provocarlo?... ¿No es mejor no enterarse?
Por empezar, no recomiendo un perfil falso. Las profecías, casi siempre se cumplen.


martes, 25 de marzo de 2014

Muchas preguntas, está bueno


"Las crisis de los hombres se manifiestan cuando sus mundos se saturan de respuestas y escasean las preguntas."
                                                                                  Dalmiro Sáenz


martes, 4 de febrero de 2014

Gloria y olor









Mi amiga Daniela, describiendo el rechazo que le generaba al acercarse un conocido en común, replanteó un tema siempre vigente: 
¿hay que avisarle o no, a la gente que tiene mal aliento?

Yo nunca me animé a decírselo a quien lo tenía. Alguna que otra vez a un amigo le habré soltado un “… mmm, qué comiste?” para tantear si reparaba en su picantez bucal. Pero al que tiene mal aliento suele acompañarlo una disfunción sensorial por la cual jamás se da por enterado. Rechaza cuanto chicle Beldent se le ofrece, e incluso, ignorando completamente su hedor cloacal le habla bien de cerca a quien quiera escucharlo (y olerlo).










Es lamentable que al aliento y a los olores no se les de la importancia que tienen. Te van a presentar a alguien y reparás en cómo luce, a qué se dedica y qué auto maneja. El “cómo huele” lo dejás para la 3ra salida, siendo en realidad lo que anula o habilita todas sus demás cualidades. Un olor mal puesto en posibles zonas de intercambio, asesina relaciones, y es una pena. Me ha pasado de estar con chicas que eran hermosísimas, inteligentes, cálidas y honradas, pero que a la hora de los bifes -uff- daban ganas de convocar a manifestantes de Greenpeace por el impacto ambiental. Pienso que quizás nadie les avisó; no hubo en su vida una madre atinada, una hermana referente, no hubo un bidet amigo.


Los motivos que nos hacen salir corriendo pueden ser bien diversos. La foto de la madre, el oficio del padre, una mascota agresiva, una posición política, gustos exóticos, un hobby homicida. Cualquier cosa. Un dedo martillo. Un tweet desagradable. Hay rechazos por errores de ortografía (no para todo el mundo, pero sucede.)
Es que a veces el estilo arruina el contenido.
La cantidad de amiguitas-gatúbela que tiene un tipo en facebook puede desilusionar a una dama. Un clásico, en nuestros días.
O aquél caballero alto, musculoso y tan varonil que arruina todo con su timbre de voz: habla como si hubiera aspirado helio.

Los “me la seca” femeninos, los “me la baja” masculinos… están a la orden del día.
No abonemos a ellos con evitables descuidos aromáticos.






El sabor del encuentro


“El ph de su saliva”, como decía Cerati, también es fundamental. Hay algo que hace que conectemos con el otro, que tiene que ver con el lengua + lengua. Es lo que termina de armar una pareja. Y no son detalles menores; los cinco sentidos resuelven un todo en el enamoramiento. Así como un bocadillo desubicado puede ahuyentarnos al oírlo, un ph hostil a nuestra lengua nos conduce a sentir que la persona no es la indicada.

El tacto tal vez sea el menos importante de los sentidos. Más allá del “con fulanito tenemos piel”, no suele revestir conflicto alguno. Nunca escuché de alguien que cortara con otro porque tocaba algo rasposo en sus codos, o por el sudor de sus manos.
Por lo tanto, podríamos concluir, los sentidos, como cruciales electores de pareja, pueden disponerse así:

1-      vista, 2- oído, 3- olfato, 4- gusto, 5- tacto.

Puede alguien parecernos hermoso al verlo (1), al escucharlo (2) puede resultarnos un genio, pero si tiene olor a pata (3) huiremos de él, o seguiremos la relación sólo online.


Yo, por ejemplo, puedo enturbiar la vista o bajar la luz y hasta cortar el audio ante una eventual calentura con una señorita que me excita. Pero la hediondez me resulta inremable. 




El mal olor no puedo pilotearlo. 
Tal vez sea una manía personal, exagerada, que no comparta conmigo el común de la gente. Se que hay quienes prefieren los aromas que llaman “naturales” de ciertas zonas. No comparto. Para mi el aseo es fundamental y deben cuidarse especialmente las áreas a degustar.

Porque “billetera” matará galán, pero “baranda”, definitivamente mata galán, mata heroína, mata billetera, mata todo.


No logro entender los noviazgos a distancia, los enamoramientos vía chat, etcétera. ¡Hasta que no huela todos sus recovecos, nada será real!


También se ven parejas que uno supone, habiendo olfateado a un integrante, que conviven respirando por la boca o colocándose barbijos a ciertas horas.




Ojalá sirva esto para una toma de conciencia. Nadie va a avisarte nada, ahí afuera. Así que ojo; prestá atención. Que la boca no se te haga a un lado. Es tu socia en la vida de relación. A mantenerla inmaculada.

A la boca y, porqué no también, a sus demás sucursales.

viernes, 17 de enero de 2014

Facebook y las "noticias"

 “Todo vivir humano ocurre en conversaciones y es en ese espacio donde se crea la realidad en que vivimos.” 
                                                                   (Humberto Maturana)





Uno va eligiendo cuáles son sus temas. Eso “de lo que todo el mundo habla” se puede esquivar y enturbiando la vista puedo buscar lo que me interesa. Pueden mis ojos hacer oídos sordos a los “Trending topics”. Aunque, claro, al almorzar con mamá será inevitable que me ponga al tanto del noviazgo de Wanda o los millones facturados por shows de coreografías acuáticas. Noticias que no me quitan el sueño (si no todo lo contrario); son spam en mi cerebro. Facebook y twitter están atestados de eso: allí todos somos jefes de redacción, y decidimos lo que es noticiable; y por supuesto no hay criterio sano, ni justo. (Tampoco lo hay en los jefes de redacción.)
            La buena noticia es que las noticias ya no son importantes para todos. La sobreinformación y la puja entre los grandes medios nos hicieron perder el interés en ellos y las redes sociales tomaron el asfalto cocinando nuevos estilos de comunicación. Levantando noticias oficiales, sí, pero reinterpretadas por “civiles con onda”; allí cada uno esgrime con su impronta una defensa o ataque peculiar. Quien es activo, intenta darle al tema una vuelta de tuerca personal, y así sale del anonimato. Así le dice al mundo: “este soy yo, y si bien estoy en desacuerdo igual que ustedes con todo eso, yo lo expreso en color fucsia.”

           
Que las noticias son necesarias, se podría discutir. No lo son como el agua o el aire, claro. Pero sin enunciado alguno viviríamos como en la película “Náufrago”; inventándonos un Wilson para comunicarnos. La noticia al comentarse, genera “hermandad”. Nos es útil como punto de referencia, para saber quiénes somos. Si Tom Hanks no le dibujaba la carita a la pelota para hablarle, iba a olvidar quién era él mismo. Sin conversaciones, sin lenguaje, podía volverse loco.













            Pero las redes sociales han venido a dar color; a agregar nuevas formas de relacionarnos. Hoy la hermandad es real: siempre va a haber alguien que me palmee la espalda con un “me gusta” cuando cuente  mis cosas, mi uña encarnada, una buena nota, o el aumento de mis leucocitos. Facebook me referencia con los otros en espacio y tiempo, me clasifica por afinidades o desprecios; allí, como mínimo, estoy conectado.








  





            Cuando no hay noticias se las inventa. En los pequeños pueblos donde no pasa nada se andan diciendo cosas como “lo vi al Rubén con la bicicleta” o “había un ternero suelto por allá.” La red nos convierte hoy en generadores de noticias aldeanas que pueden girar por el mundo. Infinidad de botellitas con mensajes esperando ser vistas. Confesiones íntimas, chistes o blasfemias. Por cada nota que brota en los diarios o la tele, nacen millones de noticias bebés que corren por la orilla como tortuguitas hacia el mar. Las que sobreviven y crecen, pueden hacer famoso a su autor, al menos en su barrio virtual.

           
            También existen grupos que se twittean todo el tiempo, quienes incluso ni se conocen en persona pero se acompañan con opinión homogénea y critica permanentemente a terceros, como los viejitos en el palco en los Muppets.

            Personalmente no termino de comprender el fenómeno en el cual alguien llega a ser una celebridad virtual y nadie conoce su cara ni su nombre real. Existen muchos de esos casos; tal vez por ser actor me cueste digerir que alguien, pudiendo hacerse famoso por su talento creativo, elija el anonimato. En definitiva, el posicionamiento social no es para despreciar y ser populares nunca estuvo mal visto, salvo para Las Divinas en la tira Patito Feo.





Twitter y facebook son bien diferentes. En ambos se genera contenido propio, aunque también hay pasivos, que no postean nunca nada. (Suelen ser casados, o faltos de confianza. O las dos cosas.)
Facebook es un club relativamente pequeño. Admite hasta 5000 socios, pero es raro que un civil llegue a esa cifra, a menos que haya puesto la foto de Anne Hathaway y/o acepte a cualquiera.
Tiene más privacidad, si sabés usarlo. Nadie tiene porqué enterarse de quiénes son tus contactos. Twitter, en cambio, te expone; deja “todo al aire”. Se enteran a quién seguís. Te manda al frente con algo tipo: @LizSolari - Seguida por Pablo Novak y otros (pajeros, faltaría que pusiese).


            Lo que se torna insufrible tanto en uno como en el otro, es la publicación de cualquier cosa, sin discernimiento. “Hoooliss” todos los días, puede generarte enemigos. No sos un portero baldeando, para decir “Buen díaaaaa” todos los santos ídems.   

De tener onda a ser un plomo hay pocos pasos.
          No está bueno publicar “Me acabo de lavar la cabeza”, o “El centro está embotellado”; no agrega nada. Son noticias spam. A nadie suma un “Ay, me re corté afeitándome” o un “Me está por venir y me duele todo”, por campechano que sea el propósito.       

            También incinera el post “enigmático”; ese dirigido a alguien que tal vez ni figura entre los contactos: “A mal puerto fuiste por leña!” o “Lo que te perdiste…” o un menos sutil: “Pelotudo de mierda!”
            Esa descarga solo afecta a quien la profiere. Y más de lo que cree. La catarsis sentimental sin medir consecuencias, es prensa negativa y uno queda como quien hierve el conejo tras un abandono.
            “Entendí que yo era demasiado para vos.” – postea alguien. A los cuatro minutos agrega: “Al verte con tu novio, me di cuenta que es lo que realmente te merecías.”
            Es claro; la vergüenza ajena y sus genéricos nos brotan como soja en facebook.














            Son moneda corriente también, representando la contracara de los abandonados, otros entusiastas latosos: los amantes arrebatados, chorreando melazas como: “Sos lo mejor que me pasó, te re amo”… “Juntos hasta la muerte, mi amor, mi cómplice y todo!”… “Gracias por las flores y la noche que me distes”… - entre fotos con sábanas de seda.
            Para que al mundo le quede clara su felicidad, ostentar su bienestar sexual les parece obligatorio. El tortolismo facebookiano, claramente insufrible, merece otro análisis. Porque cualquier epístola amorosa podría (y debería) manifestarse por vía privada. Cuando el show-off se hace necesario, probablemente es porque hay que corregir algo; si no, es presumir; contar plata delante de los pobres. La sobreactuación denota una falta; ningún alma sensata se ufana de lo que le sobra.
            Es clásico en comedias románticas el sermón amoroso del muchacho a la chica ante miles de personas en un estadio. Eso cree hacer quien publica “Nadie me hizo sentir así” en el boletín oficial de su media naranja. Pero el efecto que consigue no es el aplauso del estadio; sépalo: la gran mayoría no lo estamos admirando sustancialmente.


            Más allá de los abusos, Facebook generó una revolución en el lenguaje; donde hay compañía, conversación, segmentación por afinidades, y feedback. Es como un gran recreo. Y adictivo, además. Y tentador para el creativo. Miles de millones en el planeta consumen las boludeces que anoticiamos minuto a minuto los civiles. El desafío viene siendo decir o hacer la mejor boludez de la red.


            Andy Warhol lo predijo en 1968 “En el futuro todo el mundo tendrá sus 15 minutos de fama”. Y colgando un video porno, ni te cuento.
            (Chicos, no hagan eso en sus casas.)







domingo, 5 de enero de 2014

La gente se divide

El estilo de manejar los autitos chocadores podría ser otra clasificación entre las personas.
La mayoría chocaba de costado y sonriéndose, como pidiendo disculpas. Si lo hacían de frente de tanto en tanto, era a un amigo o familiar. 
Yo siempre preferí ir rápido, esquivando a todo el mundo, evitando colisionar. Claramente, nunca me gustó confrontar.
También estaban los pseudo psicópatas que buscaban chocar fuerte y de frente, a diestra y siniestra. Sobre todo a siniestra. 
(A estos últimos seguramente les ha ido mejor en los negocios. Es una suposición prejuiciosa; pero me recuerdan al Señor Burns.)


viernes, 29 de noviembre de 2013

Otra opinión

Dice NATALIA BELÉN RIZZO (maquilladora) sobre el libro:


"A medida que uno avanza, se sumerge en un mundo de divertidas historias, que parecen tan vividas y reales como su autor.
Cada una se percibe tan atrapante , posible y real, que es difícil despegarse de la lectura, sin descubrir el final y sin creer que todo ello, no sea cierto."

"Con frescura y humor el autor presenta imágenes, personajes y lugares que reconocemos del ámbito propio y nos trae recuerdos de nuestro pasado y presente."

"El tiempo deja de marcar el paso y acelera nuestra curiosidad por saber mas, por identificarnos con alguno de sus protagonistas y trazar nuestras propias historias paralelas.

Se disfruta...y se aprende."






LIBRERÍAS DONDE CONSEGUIR EL LIBRO:

BOUTIQUE DEL LIBRO Unicenter Shopping L.3169
BOUTIQUE DEL LIBRO - Pilar Las Palmas de Pilar L. 1044
BOUTIQUE DEL LIBRO - Nordelta Av. de los Lagos 7010 L. 26



ANTÍGONA           - CORRIENTES 1555 (y Montevideo)
ANTÍGONA           - LAS HERAS 2597 (y Austria)
ANTÍGONA           - CERRITO 1128 (y Santa Fe)



Nadir Belgrano
Av. Cabildo 1786 - Capital Federal - Tel. 5786-4445
Nadir Barrio Norte
Las Heras 1702 - Capital Federal - Tel. 4576-1142
Nadir Villa Crespo
Av. Scalabrini Ortiz 274 - Capital Federal - Tel. 4855-4863
Nadir Villa del Parque
Cuenca 3131 - Capital Federal - Tel. 4504-3471
Nadir Constitución
Brasil 1128 - Local 17 y 18 - Estación Constitución - Subsuelo  Tel. 4304-9502
Nadir Mataderos
Av. Juan Bautista Alberdi 5853 - Capital Federal - Tel. 4635-5613


DAIN Usina Cultural - NICARAGUA 4899 (y Thames)

CAPÍTULO DOS - CABELLO 3615 (y Scalabrini Ortiz)

CRACK UP - COSTA RICA 4767 (y Borges)

LIBRERÍA SANTA FE 

ALTO PALERMO SHOPPING    Santa Fe 3253 - Local 2012
AV. SANTA FE I                           Santa Fe 2376
AV. SANTA FE II                          Santa Fe 2582
CALLAO                                         Callao 335
BELGRANO              Cabildo 605 esq. Gorostiaga
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domingo, 24 de noviembre de 2013

Facebook y los "amigos chatarra"


Los protagonistas de nuestro facebook suelen no serlo en nuestra vida. Podemos llevar una interacción genial y sentir que nos pasa lo mismo con alguien que ni conocemos. Identificarnos y compartir a diario, con quien jamás hemos visto en persona.


Una de las primeras cosas que hacemos es buscar antiguos  compañeros de aula. Léase: personas con las que coincidimos en un mismo espacio físico durante un tiempo determinado. Y no sólo a quienes tenían roles protagónicos; con muchos ni nos dábamos ni pelota! Así y todo, por curiosidad o apócrifo sentido de pertenencia, los sumamos en facebook y nos enteramos sobre sus vidas. Es raro: te pide amistad alguien con quien tal vez charlaste un rato en un recreo en 1982, o ni siquiera. Compañeros de grado de tu hermano en aquél colegio donde estuvo sólo un año... ¿Qué podemos tener en común? ¿Qué tipo de identificación, más que un retacito indirecto del pasado? ¿Cuánto tiempo o experiencia en común debemos haber transcurrido? ¿Qué sentido tiene revalidar un contacto amistoso que quizás nunca existió?
No importa demasiado.
Coincidir en un lugar aunque sea poco tiempo; si es significativo y allí se han vivido ciertas emociones, ya da para hermanarse.


La coincidencia en diferentes ámbitos por un tiempo determinado nos sigue conduciendo a añadir nuevos amigos: una charla en un avión, la cola de un banco, un cumpleaños infantil o el ámbito laboral y: “te agrego al face.”
Y algunos suelen convertirse en amigos chatarra; están ahí pero ni fu ni fa. Si se los borra, no pasa nada. No se interactuó; fue una cortesía aceptarlos en su momento pero al tiempo nos es indiferente incluso si siguen respirando. Terminan siendo como aquella sección del diario que jamás leemos, o ni siquiera: con los avisos fúnebres o los judiciales alguna vez nos hemos colgado. Pero estas personas y sus actualizaciones con fotos de sobrinos amados o perros maltratados, (o viceversa), nos hacen perder un tiempo maravilloso. Y el tiempo es oro; si es por dilapidarlo, hagámoslo mirando chicas en malla.


De vez en cuando se hace “limpieza”, y allí uno revisa: “¿porqué lo tengo a este?... Ah, es el cuñado del kiosquero. Lo borro... Y esta otra?... Ni idea. La acepté al principio, cuando no aceptar solicitudes me daba culpa. Fuiste. Y este otro, a ver?... No; este me saludó en mi cumple en 2012; mejor lo dejo.”
Porque hay que diferenciar el amigo chatarra del extra. A veces te pone “me gusta” y asciende a esa categoría. Los extras están presentes, aún sin hablar, se dejan ver. (En un set escuché una vez a un viejo extra decir a otro: “A mí me llaman porque soy vistoso” – calificándose con el adjetivo más original que oí en mi vida.) El extra de nuestro facebook es aquél que no se anima a comentarnos pero nos megustea de vez en cuando, y así se gana el derecho de no ser eliminado en el momento en que mandamos al Ceamse.


Está bueno limpiar de vez en cuando el facebook de amigos chatarra. Es como prender un incienso; librarse de aquellas energías extrañas que presencian lo nuestro desde las sombras. Gente que no nos significa nada, y a la que no le importamos; nunca nos palmeamos la espalda, ¿porqué somos amigos? Chau-chau adiós. Liberemos el lugar para alguien nuevo; alguien con quien identificarnos, que es el propósito definitivo de toda relación, virtual o real.
Quién te dice el kiosquero no tenga otro cuñado con el que tengamos más onda y se convierta en un nuevo protagonista de nuestro facebook; compartiendo carcajadas de pensamientos, haciéndonos saltar con nuevos y efervescentes  “me pasa lo mismo!”.





lunes, 23 de septiembre de 2013

nuevas aplicaciones

RELACIONES EN RED – NUEVAS APLICACIONES ÚTILES:




Con los nuevos dispositivos móviles que día a día invaden el mercado, también podemos adquirir nuevas aplicaciones con soluciones específicas.


A continuación sugiero algunas app que están faltando, convencido de que a muchos usuarios les serán de gran utilidad:



ARJONÓMETRO
Como el perrito buscador en windows, en cuestión de segundos detecta fotos o letras de Ricardo o símil en facebook, definiéndonos claramente el perfil de la chica en cuestión.
Aplicación  esencial a para evitar sorpresas a posteriori.







WHATS APP, DOC?
Advierte sobre el grado patológico del interlocutor en whatsapp. Cuando la persona viene “complicada”, nos lo avisa con un tilde al revés. Cuando está para internar, o nos puede internar a nosotros, el doble tilde invertido aconseja lo más conveniente: huir ante quien es de armas tomar.
(“Whats app, Doc” remite al célebre latiguillo de Bugs Bunny; referencia asimismo que se trata de alguien que puede “hervirte el conejo.”)
















MENSTRUPER
Detecta el ciclo menstrual femenino a través del chat de facebook. Si se encuentra conectada, el circulito verde al lado del nombre se va poniendo rojo a medida que se le  acerca el período.


"Menstruper" es la aplicación ideal para evitar hostilidades y no engancharse en discusiones vanas con novias, compañeras de trabajo, esposas o hijas en esos días complicados.
Es de descarga gratuita, pero mancha.




APP ARATO
Alerta sobre nerds, plomos, babosos, tacaños, molestos, brutos, todo tipo de pelmazos. Otra especie de escáner que tira data sobre el ganso que tenemos enfrente.
Con “App arato” te conviene bajarte también un Anti Virus: la estupidez es contagiosa.



MOCO MEMORY MANAGER
Acopia las palabras o frases desafortunadas que emite el otro, y que tal vez ni registramos, por el entusiasmo inicial de las primeras citas.
Acumula información detallada y guardará improperios de todo tipo (o mina). Conservará fielmente en la memoria si alguien se “mandó un moco”; (de ahí su nombre.)
Es el complemento ideal del Arjonómetro: ante la belleza solemos hacer oídos sordos y dejamos pasar frases poco felices que el día de mañana podrán eclosionar en discusiones o diferencias éticas sin retorno.



RADARPENDEX
Es un dispositivo avisador tipo GPS para saber dónde está y qué está haciendo tu hij@ adolescente. Incluye cámara testigo, alarma de alcoholemia y pequeña descarga eléctrica en su smartphone para reto a distancia.

Para controlar a los chicos, nada mejor que el Radarpendex.