viernes, 12 de abril de 2013

Volver a buscar pareja


Volver a las pistas en la era facebookiana


Quien se separa tras años o décadas de estar en pareja, al intentar volver al ruedo se encontrará hoy con modalidades que cambiaron sustancialmente.
A adultos de mediana edad, la nueva soltería les depara sorpresas: algunas son sutiles, pero a otras cuesta acostumbrarse.
Aunque los cambios se vienen dando al multiplicarse las formas de comunicación, podemos analizar ciertas contras que a veces acarrean. Conocer los nuevos estilos de relación, siempre ayuda a adaptarse.
Hoy hay tener en cuenta algunas cuestiones:


Ya no hay citas a ciegas.
Aquél sistema que organizan amigos o familiares donde las personas a conocerse no sabían nada previo el uno del otro, casi no existe más. Esa cita a ciegas está en extinción; ya que hoy se exige nombre y apellido del otro para buscarlo en Internet y chequear de quién se trata. Antes de aceptar una salida se corre a entrecomillar al otro en Google y la mayoría de las veces no se sale si no se obtienen datos.


-A favor: Se allana el camino. Si la persona a conocer tiene Linkedin, Twitter o Facebook, hará visible su estilo, ocupación, gustos y hasta grupo familiar antes de mostrarse personalmente.
Inclusive, cualquiera puede volverse deseable con una buena exhibición virtual.


-En contra: Por alguna foto o comentario puede inferirse muy prematuramente que el otro no es compatible y, prejuzgando, arruinar la posibilidad de un encuentro beneficioso.





Ya no se habla por teléfono.
Para gente de hasta 40 años, se usa el mensaje de texto en cualquiera de sus formas. Si se llama se considera que hay demasiado interés. Se volvió demasiado íntimo o hasta invasivo; hoy casi se pide disculpas al llamar al otro a su celular.
El teléfono está demodé, salvo para mayores de 50, que aún no se acostumbran demasiado a chatear. (Porque además, no siempre andan con lentes encima o el ipod, como los jóvenes que lo llevan pegado a la mano.)


-A favor: Se es más creativo. El escribir exige pensar. (Twitter, por ejemplo, presenta el desafío de ser ingenioso en unas pocas palabras.) El lenguaje escrito del chat tiene otros tiempos y se piensa más antes de expresarse. 
Además, es gratis.


-En contra: No hay tonos: el texto puede malinterpretarse. Y si falla, puede parecer mala intención. El no recibir o enviar un mensaje a veces se confunde con escurrirse. 



(Uno escribió: “con tanto facebook ya no se puede ignorar a alguien tranquilo.”)



No se planifica en firme.
Se deja librado a cambios y reconfirmaciones antes de verse finalmente. Se evita hacer planes fijos y si se hacen, se asume que pueden ser cancelados a último momento. Hay “actualizaciones” permanentes, como si todos estuvieran muy ocupados. El motivo oculto suele ser especular con otras opciones. Se dice “hablemos”; se queda en el aire, se deja “fluir”.

-A favor: La independencia; la autonomía. La valoración de los espacios personales y el aprendizaje y compromiso con uno mismo y sus ganas, antes que el correr a “abrochar” con alguien. El respetar los tiempos propios y del otro; y adaptarse a cambios. “Hacerse amigo” del caos o la incertidumbre.

-En contra: La ambigüedad y vaguedad. La imposibilidad de comprometerse. Se forma un círculo vicioso en el cual pareciera que nadie termina de estar satisfecho con nadie, ni solo. Especulando siempre con algo mejor, puede uno quedarse “sin el pan y sin la torta.”


 


El zapping hoy ya no es exclusivo de la tele; ha llegado a las relaciones. Buscando el amor, podemos “cambiar de canal” rápidamente, así como también pueden hacerlo con nosotros. Desde que el sexo se consigue más fácilmente, el amor se ha puesto más difícil. Pero no es imposible: y cuando sucede es hermoso. Saber cómo están las cosas es cuidarse mientras se lo busca; para no quedar vacío o resentido al jugarse todas las fichas a un número que no sale.

La buena noticia es que lo virtual no implica menos sinceridad si no más. 
Conocernos, acercarnos y tener claros los planes de cada uno es un claro camino para el encuentro entre pares.
Y la vida, como dijo Vinicius, es el arte del encuentro.



martes, 9 de abril de 2013

Las señales “inconfundibles” en el look de las chicas



Lo de inconfundibles lo pongo entre comillas. Claro; es que pueden fallar y hay que aclararlo: eventualmente uno puede elegir un look que no representa su personalidad. Yo por ejemplo una vez salí con una chica y me puse una camisa a cuadros Kevingston, de manga corta, que me habían regalado. Claro: ni la marca ni la manga corta ni los cuadros me representaban, pero al vestirme dije “ma sí” y fue un error. Era la primera salida, la chica después nunca quiso volver a verme y a mi me gusta echarle la culpa a la camisa.
Del mismo modo cualquiera que me viera el pelo canoso podría decir que soy un tipo grande, sin embargo mi espíritu tiene 11 años. El look habla de uno, pero a veces no es tan así.

El prejuicio que otorga la imagen puede distorsionar la realidad intrínseca, pero no deja de ser divertido clasificar, y jugar a que el look tiene un significado real en las personas.

Hablemos hoy de algunas chicas; prejuzgando qué nos pueden decir sus aspectos:


 













- Aritos de perla:
“No soy fácil. Jamás me entrego en la primera cita; soy tradicional y deberás ser mi novio antes de tocarme un pelo.”



- Fotos sacando trompita con amigas:
Nací después de 1988, me llamo Ayelén o Agostina, como muchas de mis amigas. Escribo con errores de ortografía. No puedo salir de casa sin el Blackberry.”

          




- Muy linda de cara, pero gordita:
“Soy la más gauchita. Edípica; en el fondo no adelgazo porque si lo hiciera sería una bomba y traicionaría a mi padre porque todos me tirarían los galgos.”



- Look bailarina clásica: polainas y zapatillas de baile hasta para ir al cine.
“Soy algo sufrida y laburadora. En la cama me esfuerzo como en un ensayo general del Lago de los Cisnes. Lloro cuando acabo.”



- Look tabla. Cero tetas:
“Ojo que de atrás vengo muuuuy bien. Si me hiciera las lolas, ya sería afano.”



- Mucho colágeno en labios:
“Me separé hace poco y salgo con todo. Quiero que tengan ganas de morderme: en esta nueva etapa soy un chupete humano hembra.”


















- La que fuma mucho: (*)
“No la paso del todo bien. En algo estoy en desacuerdo con la vida. No tengo sexo como quisiera, ni en calidad ni en cantidad.” 

(*Nota: Fumar tiene algo meditativo. Más allá del supuesto placer, salir a fumar un cigarrillo es un momento en que uno se está quejando de algo, o necesita 5 minutos para estar consigo mismo probablemente a compadecerse de algo que le ocurre.
- Después del sexo, por ejemplo, a veces es necesario ese cigarrillo para decir: “lo pasé tan bien, que ahora debo ponerle humo a la cosa. Tiene que venir algo hostil, algo que me haga acordar que la vida también es una mierda.” ) 



- La que se cortó el pelo corto (recientemente):
“Me separé. Cambié violentamente el look porque no quiero saber más nada con mi anterior yo. (Ni con él.)”


- La que usa el pelo corto (hace tiempo):
“Soy algo fálica y quiero asumir el rol masculino. Tengo hijos varones y compito con el padre de ellos. 

(*Nota: Si es una mina de pelo cortito pero muy bella, puede estar queriendo limitar el arrastre por cuestiones de competencia laboral.)



- Pelo raro y de colores fuertes; piercings en lengua, boca y/o pezones; tatuajes múltiples por todos lados:
“Odio a mi padre y mamá es una boluda. Me gusta que crean que me cabe cualquiera. Tengo más personalidad que cualquiera del barrio.
Ah; y las que usan aritos de perla, son frígidas.”


martes, 2 de abril de 2013

El que no salta es un inglés viejito con músculos atrofiados



Hace unos meses jugaba Argentina–Brasil y estábamos con mi hijo en la cancha . Iba a salir la selección cuando el estadio empezó con el clásico cantito.
Me preguntó: - ¿Qué dicen...?
- “El que no salta es un inglés.”
- ¿Inglés?... Pero… Jugamos contra Brasil. ¿Por qué gritan eso?...


Me hizo una pregunta clave: yo siempre entré en conflicto con ese cántico.
En alguna oportunidad habré saltado con la multitud. Más de una vez he padecido el síndrome de Zelig, mimetizándome con las masas, aún sin estar convencido ni compartir íntimamente las intensiones.
Pero ya estamos grandes y a veces hay que depurar posiciones éticas; sobre todo habiendo niños que educar.

Por empezar, veo mal cualquier “el que no salta.” Es una imposición intolerante y sosa. No pretende la gracia de “a ver a ver cómo mueve la colita”, (insufrible también), si no agredir;  desenmascarar al foráneo o hermanarnos en un odio con el que nunca he comulgado.
“El que no salta, no tiene ganas”, iría mucho mejor. “El que no salta es un lisiado” tendría alguna lógica; “El que no salta está adherido al piso”…“Es un anciano con debilidad extrema”.
No me obliguen a saltar ni me pongan en la postura de tener que tomar postura. No salto y además me planteo la pregunta: ¿Por qué debería odiar a los ingleses?...
“Porque ocuparon las Malvinas”. “Porque son imperialistas.” “Porque quisieron invadirnos en 1806!” “Porque toman el te a las cinco.” “Por Maradona”…

Siempre me llamó la atención que, más allá de fanatismos o folclores competitivos, gran parte de quienes arengan con “el que no salta es un inglés” son los rolingas, tribu argentina que admira fervientemente a los Rolling Stones. (Ingleses, claro.)
La contradicción es parte del ser nacional, y por eso tenemos tantos psicólogos.

Generalizar, a veces es asesino. ¿Los ingleses? ¿Cuáles? Claro; ellos habrán tenido gobernantes o militares que no nos simpatizan; pero también los tuvimos nosotros. De hecho, nuestro gobernante militar mandó a matar ingleses (y argentinos) en una guerra. Claramente, en esos rubros, sigue habiendo seres detestables en todo el mundo.

Pero nos hemos criado con la inmensa y hermosa cultura inglesa. Poetas, actores, músicos, cineastas. Genios. Humanos. Los cuatro Beatles son ingleses. Los tres The Police. Todos los James Bond 007… Catherine Zeta Jones. No más preguntas, señor juez.


- Se equivocan, hijo.
Si querés saltá, pero no es obligatorio.




miércoles, 13 de marzo de 2013

No tenemos por qué leerlos


El Ministerio de Salud Facebookiana ya cuenta con líneas gratuitas para efectuar denuncias vinculadas a muros plomos. 



-Por babosos en red, exhibicionismo romántico, exageradas declaraciones de amor, y/o "contar plata delante de los pobres": 
0800 TORTOLISMO (86786) 

-Por resentidas y despechadas, posteos enigmáticos con mandada al frente, catarsis, enojos y sed de venganza: 
0800 HERVIDORADECONEJO (4378437) 


Llame y denuncie. Sugiera otras líneas. 
LA LIMPIEZA DE CONTENIDOS INSUFRIBLES ES RESPONSABILIDAD DE TODOS.








jueves, 7 de marzo de 2013

EL WACHITURRO HEMBRA




Es claro que los designios de la moda a veces son piantavotos.

Llama la atención ese rapado al costado que pulula en las Ayelenes de 22.
Las inocentes víctimas de esta auto vejación no parecen interesadas en atraer a los varones; su poda craneana procura transgredir o desafiarnos: “¿qué me importa si no te gusta? Me lookeo para mi o mis amigas.”





Yo imagino una vez más, una reunión entre los popes de la moda cagándose de risa.
- Y si las hacemos raparse?
- Jaaa, daale… Que se rapen! Pero media cabeza!...
- Buenísimo, media cabeza sola, juaaa!!! Quehij… Traé otro champagne.




Observen a esas chicas en plena tarea e intenten no reírse.


Ya lo dijo Oscar Wilde: “La moda es una forma de fealdad tan intolerable que es necesario cambiarla cada seis meses.”







miércoles, 6 de marzo de 2013

Podés hablar?...

Un fenómeno creciente es pedir disculpas por llamar a alguien por teléfono.

 


“Podés hablar?...”

“Seguro?...”

“No estás ocupado?...”

“Querés que hablemos más tarde?...”

“Perdoname que te molesto al celu...”



A ver: ¿No se inventó el celular para que lo ubiquen a uno en cualquier lado?

¿No hay un contestador, para cuando no puede atender?


Hace ya un par de años que sucede: a menos que se trate de un familiar cercanísimo, de arranque le pedís perdón o te atajás cuando te atiende; no vaya a ser que esté reunido con Obama y vos lo estés llamando para una boludez.

El que te atiende y dice “no puedo hablar ahora”… ¿Para qué atendió?!

En realidad puede hablar, para decirte que no puede hablar.


“Estoy en reunión, ¿podemos hablar más tarde?” – ¿Para que contesta? Si en verdad está reunido, jode a dos personas: a la que lo llama y la que está reunida.

Claro, es probable que quiera intuir si es urgente. Pero al preguntarle si puede hablar nos estamos bajando; como que lo nuestro no es importante; no es para contarle que se le incendia la casa, ni que se mostró interesada en él Amalia Granata para un masaje de abductores.


También puede que quiera contestar para enterarse quién es, cuando no distingue la llamada entrante. Pero sos vos, y te redondea. Uy, le interrumpiste la sesión de fotos en la Forbes al lado de George Soros!... ¿Para qué está el mail, el whatsapp, el bbm? ¿Cómo se te ocurre llamarlo al celular?... Sobresaltaste a Ivana Trump con tu desubicadísima llamada con el ringtone de Alcides.


Y te quedás con la cola entre las patas. Y sumás paranoia en la causa, acrecentás sin querer el modo mute, la nueva comunicación no real, sin oírse, de gente ocupada que twittea mucho pero habla poco por teléfono.

Basta. No es así. Deja de pedir perdón, cantaba Diego. Volvamos a las fuentes.

No más disculpas. Si está en reunión, o manejando, o en el banco, o en un aladelta, o haciéndose los pies, que no conteste.










- Estás ocupado?...

Dejá, la atiendo yo a Amalia.





domingo, 17 de febrero de 2013

A los doce años me organicé yo mismo una fiesta sorpresa



A los doce años, me organicé yo mismo una fiesta sorpresa. 


Mi hermana mayor me ayudó; no recuerdo si fue idea de ella y por su falta de logística me llegué a enterar o si fui yo el ideólogo y sólo la necesité para convocar a los invitados. Me inclino más por lo segundo; aunque debo reconocer que ella no sabía guardar un secreto. Una vez escuchó que papá hablaba sobre comprarme finalmente el ciclomotor y corrió a contármelo, como una sorpresa que yo no podía saber. Esperé años que eso ocurriera (creo que aún lo espero), lo mismo pasó con varios viajes a Disney y otras especulaciones infantiles que quedaron flotando o llegaron en otro tiempo y forma. No la culpo por sus ansiedades, todo lo contrario. Mis hermanas me aman a tal punto que quieren lo mejor para mí y confían en que lo merezco. De hecho la menor de ellas piensa que cualquier mujer podría darme bola. (- "Vi una chica que es re tu onda; esa modelo, Jenny Williams, ¿porqué no la llamás?" - "Liz Solari, me encanta para vos; fijate si no te aburre...") Me quiere mucho.






Volviendo a la fiesta: el sistema era de "asalto", donde las chicas llevaban la comida y los varones la bebida, y mi hermana supuestamente me había "secuestrado" la agenda para llamar a mis amigas y amigos preferidos. Yo llegué a casa y estaban todos parapetados y me dieron "la sorpresa". Me emocioné y todo: yo ya era un actor "del método".


Las fiestas sorpresa son sorpresa para ambos: para el sorprendido y para el que sorprende. El regalador y el regalado son una misma cosa. El goce es mutuo: los niños quieren que les cuenten el mismo cuento muchas veces; tal vez los grandes también. En las historias importa el cómo, más que el qué; y donde hay emoción nadie devuelve la entrada. 
Yo debo haber sonreído, abrazado, lagrimeado. La cara del homenajeado es el premio. 
Se le pregunta si le gustó la sorpresa, si de verdad no sabía nada, y el sorprendido asiente; es un juego que juegan todos. Porque si lo sospechaba no lo dirá para no romper el hechizo; y menos si lo sabía (incluso si había sido parte activa de la organización o hasta ideólogo, como yo.)

La vida te da sorpresas, y si no, dátelas vos mismo. 
Así arranqué, a los doce. Y hacia allí vuelvo.






Nada


Llamo a mis hijos.

            - Hola chiquitín, qué estás haciendo?
            - Nada… (se oye la tele de fondo)
            - Estás viendo tele?
            - …
            - Ey…
            - Eh? Sí....
            - Y qué vas a hacer?
            - Eh?... No se… Nada…


Cuando uno es niño, no hacer nada, no lo hace sonrojarse.
Cuando se es grande, la inacción se asocia a la pachorra o la falta; no hacer nada puede ser motivo de vergüenza.
Incluso siendo millonario, uno debería estar “haciendo algo”.
Nadie contesta “nada” al“qué estás haciendo”. Se estila, por ejemplo, cuando te preguntan, inventarse una actividad porque queda mal que no hagamos nada. Como cuando te despierta el ring del teléfono y al atender te preguntan “¿dormías?” y contestás rápidamente “no, no”, mientras carraspeás para aclararte la voz. Da vergüenza dormir; fijate vos. También te hacés cargo de que el otro se sienta mal por interrumpirte el sueño: “ya me tenía que despertar”- lo exonerás.

Los actores estamos acostumbrados a no hacer nada; la carrera es grabar, filmar, actuar en teatro, lo que nos insume tiempos netos relativamente cortos. El teatro son dos horas por noche. Grabar una tira, sí, son muchas horas pero también tiene momentos de nada: es probable que aún con un buen personaje tengas varias escenas de apenas un par de minutos cada una; lo demás es esperar. Y eso dura un período; luego pasan extensos meses entre un trabajo y otro; el resto de la vida de un actor es llenarse la nada de algo. Y ante la pregunta “qué estás haciendo?” está vedado contestar “nada”. Hay que tener huevos para responder eso; por lo general dicen: “acabo de terminar de filmar” o “recién termino la tira” o “estoy en un proyecto, ya te vas a enterar; no lo voy a quemar…”

Aparece facebook en la vida de la gente, que de alguna manera es no hacer nada. O por lo menos, aparentemente, nada productivo. Por un lado exime a quienes ya vienen utilizando la red masturbatoriamente, (sin duda uno de los principales usos de Internet). Por otro lado tienta a cualquier hijo de vecino, (o padre), a dejar lo potencialmente productivo y boludear, fisgonear al resto, ver cuántos (como uno) están “sin hacer nada” y confirmar/se semejante a los demás.

La nada nos desagrada; la rechazamos atemorizados como una lepra contagiosa. A la mente no le gusta nada, la nada. Parece objetar la inacción y se molesta ante la actividad meramente intelectual. Como si pensar no fuera hacer algo.
Y escribir es pensar sobre el papel. A mí ya de chico me gustaba preguntar “qué estás pensando.” Tal vez ya lo consideraba como una actividad en sí mismo, y me agradaba charlar temas personales. Hobby que aún arrastro, y aquí estamos.


            - Bueno, bebé, dame con tu hermanita…
            - … Hola…
            - Hola hermosa, cómo estás? ¿Qué hiciste?
            - Nada…
            - ¿Cómo nada?… Y qué vas a hacer?


No hay ningún problema en no hacer nada. Sobre todo de niños.
Cuando sos grande podés vivir preso del apuro o la ansiedad de hacer algo. Algo que te haga trascender; algo extraordinario que te haga ir más allá de la alimentación y el hogar, algo más allá del principio del placer, que te aleje del vacío, que te cobije con títulos y certezas, que te salve y defienda a tus seres amados;  que permita que tus hijos estén allí, tranquilos, pachorrientos… Siendo niños; sin hacer nada. 




sábado, 12 de enero de 2013

Tom y Jerry: la pelea garpa




¿Vieron esos capítulos “nuevos” de Tom y Jerry en los que son amigos? Nunca me gustaron. Funcionaba más cuando eran enemigos. Cuando son amigos, la cosa no va.
Porque es así; Tom y Jerry siempre fueron enemigos y alguna que otra vez se juntaron ante una fuerza superior. Amenaza Ovnis, o algún gato mas malo; ahí se defiendieron juntos. O alguna vez donde Tom pensó que había matado a Jerry y se desesperó. Se sintió muy culpable y hasta lloró a moco tendido imaginando al ratoncito en el cielo. Pero sobre el final Jerry aparecía vivito y coleando y volvía la pelea.

Yo era fanático de Tom y Jerry pero esos capítulos donde eran amigos, me traicionaban. Se perdía el interés. Las luchas internas eran reemplazadas por luchas contra agentes exógenos. Daba la sensación de que la Warner había franquiciado y los dibujaban otros; los nuevos guionistas tal vez querían distinguirse y alguno, fumado, tiró la idea: “son amigos, men... Tom y Jerry son amigos…”  Claro, porque eran los `70s y andaban todos paz y amor. Apareció la Pantera Rosa con su onda psicodélica y les movió el piso a los que basaban los argumentos en peleas, como los Tres Chiflados o el Correcaminos.



El Correcaminos, que tipo insoportable. Todos estamos con el Coyote, que es un dolobu pero te da lástima. Es una víctima más de las multinacionales como Acme. Siempre lo garcan; le venden cosas falladas, le explota todo en la cara. El Coyote es uno de esos que compra todo lo de Sprayette. Cae en todas las promos; es un buen consumista. Se compra el último teléfono, tiene gps pero lo usa mal. Siempre dio lástima el Coyote. Y el Correcaminos no es un personaje con el que nos encariñemos. Por empezar, no tiene letra. Tiene un bocadillo sólo: “bip bip” y siempre pasa apuradísimo. Medio resentido, el Correcaminos; es como que no le pagan mucho, entonces dice “voy el mínimo indispensable. No les regalo nada”. Ojea el libreto y se queja: “en este capitulo tengo 3 escenas cortitas; no digo casi nada y paso corriendo. Que país generoso. Estaré en mi trailer. Llámenme cuando este todo puesto”.  Y viene un toque, hace lo suyo y se va a comprar merca. Porque toma merca, el Correcaminos. Es cocainómano, como Speedy Gonzalez. Speedy Gonzalez es de un cartel mexicano. 
Otro que no generó gran empatía. Ese ratón no salió con mucho ángel. Claro, al lado de Mickey, imaginate… Ningún roedor descolló; era difícil competir con Mickey. Ni Bernardo ni Bianca, ni Pérez, y mucho menos Speedy Gonzalez con su impronta re sacada, de bebida energizante.




Pero Jerry, sí, llegó a tener lo suyo. Y todavía funciona.
Con Tom aún hay química actoral, pero ojo: no cuando hacen de amigos.
Es como cuando en lo de Tinelli nadie se pelea. La pelea garpa. La guerra de las vedettes en Mardel Plata y Carlos Paz, por ejemplo. Fijate que llega el verano y empiezan a armar quilombo. Siempre funciona mas donde hay pelea de gato y ratón.
O en el caso de algunas mediáticas, de gato y gato.

miércoles, 9 de enero de 2013

"Todos los hombres son solteros", en hermosa Usina Cultural

otra librería tiene el libro en su vidriera!...

DAIN Usina Cultural
en Nicaragua esquina Thames - Palermo / BsAs.





gracias por elegirnos!...                 http://www.dainusinacultural.com/





viernes, 4 de enero de 2013

más opiniones...

Dice Maru Gomez sobre "TODOS LOS HOMBRES SON SOLTEROS":


(...) "Es actor, autor, músico, cantante y director. Si bien vi todo, su parte de autor en este libro de relatos me maravilló. Las mujeres tienen que leerlo. Me atrapó a carcajadas y sin poder dejarlo de leer aún me río.

Desde “estas igual” (primer relato) hasta “ensayo sobre los beneficios del matrimonio”

"No creo que sea un libro solo para hombres, a las mujeres les va a agradar más y seguramente les caerá la ficha sobre muchas cosas. Muchos hombres nos conocen mucho y otros no tanto ¡!! Cada personaje es sin desperdicio de risa…y todos pasamos alguna historia parecida que este en este libro.

El buen humor no es machista ni feminista. Felicitaciones por el libro!!!"

martes, 1 de enero de 2013

La Pietra lo leyó


Comentarios de mi amiga ANDREA PIETRA sobre "Todos los hombres son solteros (Historias es histerias masculinas)"

(...) "se lee rapido y es MUY entretenido
(...) "Me rei mucho, tambien me hizo pensar , en que no es exclusivo de los hombres lo de la solteria....como bien lo reflejas en tus paginas.
El gran dilema, de estar con alguien para toda la vida.....y del deseo........me gusto como abordaste el tema con mucho humor y mucha sinceridad.....y por otro lado, fue como volver a nuestra decada de los 20 y recordar todas tus frases celebres 
(...) "no entiendo porque hay mujeres que se lo toman a mal, me parece que la cabeza del hombre es asi, tal cual y que una tiene que aprender a llevarse bien con eso."



viernes, 16 de noviembre de 2012

Qué pibes. Dios mío.






y además... Mirá qué letra se mandó Cadícamo:


"Qué noche llena de hastío y de frío. El viento trae un extraño lamento.
Parece un pozo de sombras la noche; y yo en la sombra camino muy lento.
Mientras tanto la garúa se acentúa con sus púas
en mi corazón..."
 (cómo puede el tipo encontrar la palabra púas para rimar ahí. Eureka, maestro.)

"En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo 
   (me abismo??? qué genio. abismarse, como verbo... -‘tener el espíritu o la atención absorbido por algo’,    ‘entregarse del todo a la contemplación, al dolor, etc.)
y aunque yo quiera arrancarla, desecharla y olvidarla
la recuerdo más."

"¡Garúa! Solo y triste por la acera 
va este corazón transido, con tristeza de tapera.
(ja, tapera... habitación ruinosarancho humilde y abandonado, o en muy mal estado de vivienda; o en ruinas/ "bulín misho")

Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido, ("aquella". capo. argentinazo. es como decir "quía".)
hoy le ha abierto una gotera. 
(o sea, al cuore le hizo una gotera! llueve porque ella lo olvidó!!...)
¡Perdido! Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra...
Garúa... tristeza...
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!"

"¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte, (sí. No podés usar la palabra descarte ahi! Sos Keith Jarrett. Eso es encontrar oro improvisando. maestro, te imagino iluminado ante la aparición de la palabra, hermosa y justa.)
siempre solo, siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome."

En fin. Ya está...
No más preguntas.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El varón ama más


Hay mucha bibliografía y hasta una antigua tendencia a creer que la mujer ama más que el varón, o que la calidad de su amor es superior. Y no es así.
El amor de pareja, claramente, se construye; y es probable que la mina lo construya más rápido. Pero una vez que el tipo se entrega a amar, su amor, creo, será más difícil de derribar. El de la mujer, me parece, se yergue con materiales algo más endebles.

Por ejemplo, ¿cuántas veces escuchaste que “lo dejó porque él no quería tener hijos”? Muchas, verdad? Para dar un caso: están de novios. Se aman. Pasan miles de cosas juntos, por años. Conviven y todo. Se llevan bárbaro, se cagan de risa y son el uno para la otra. Hay mucho amor, pero él no quiere tener hijos aún; supongamos que tienen 33 años. Claro, es lógico, ella está más apurada y lo abandona. Lo ama, pero su necesidad de ser madre la hace tomar la decisión de dejarlo. El no puede creer que ella le quite la prioridad, no da el brazo a torcer y termina torciendo su vida entera.
Se quedan solos. Ella se abre un facebook, se anota en un curso de tango, y un par de meses después, en una milonga conoce a uno que -ups!- la embaraza, y se van a vivir a un ph.
Un año más tarde, ella ya “ama” al otro.  
¿Es esto posible? No solo es posible, sino que es habitual.

Entonces, ¿cómo es el amor de ella? ¿Y cómo es que se acaba?

¿Cuándo dejó de amar al anterior?
Cuando no hizo lo que ella quería.
¿Y cuándo lo había empezado a amar?
Cuando sí hacía lo que ella quería.
O sea que, señores, para que nos amen, debemos hacer lo que ellas quieren.

Por lo tanto el amor de la mujer es, en jerga inmobiliaria, ad referendum. Está más condicionado que el del varón.
Lógicamente, en el ejemplo propuesto pesa la maternidad y es un hecho que desde niñas asocian “amor de pareja” con “futuro padre de sus hijos.” Pero luego de ser madres, cuando “ya están hechas”, la imagen del padre de sus hijos suele flaquear ante avatares económicos, rutina y hastío, o infidelidades.
El tipo tiene claro que pasa a segundo, tercer o cuarto plano. Cuando llegan los hijos, se pondrá en la cola y esperará migajas de atención o energía de su mujer, que en el mejor de los casos retornará años después, ya con otra impronta. Pero esa es otra historia; si hablamos del amor de la mujer, podemos decir que es por lo menos raro su final. Y que  sobreviene abruptamente por malos entendidos, intolerancia, cansancios y hasta desilusiones. Y la principal desilusión es, para ella, que él ya no le da lo que necesita; y para él, la traición de la mujer, que casi siempre es la que patea el tablero dejándolo culo para arriba, frente a una nueva y cruel realidad: ella no era incondicional.

Es la tendencia: muchísimas mujeres (cuando ya tuvieron la cantidad de hijos suficiente) se rebelan ante un marido rebelde, y le piden el divorcio. No les molesta quedarse solas (con los hijos) y especular con otro marido menos rebelde; con una escoba nueva que barra bien y sea apasionado y dócil como su ex, años ha.
Estadísticamente comprobado: una aplastante mayoría de las separaciones son decididas por ellas.
Las que “aman demasiado”, las que son “de Venus”, pese a todo lo construido, antes o después ya no van a amarlo por quién es o por cómo es. Van a amarlo por lo que haga. Aman ante la promesa de exclusividad, hijos, viajes, pensión completa y/o proyectos. Aman por el futuro que uno pueda ofrecerles; la pasión que pueda ponerles y el acceder permanente a sus necesidades.


El amor del hombre es perenne y no pretende cambiarlas, sino lo contrario. Precisa sus caricias; el amor del varón entregado a una mujer, más allá del sexo, incluye básicamente aspectos tiernos que tienen que ver con ser hijo y al mismo tiempo ser padre de su amada.
Ser hijo de una “extensión” de su madre, aquella que lo considera el más hermoso, el más amado y lo salva del hostil mundo circundante bajo el seno del hogar familiar.
Y ser “padre” de aquella nenita inocente y caprichosa que alguna vez fuera su mujer, y que sigue presente en llantos o berrinches que él complacerá, miedos que protegerá para sentirse así también, admirado.
No por nada los varones nos enternecemos ante fotos de ellas en álbumes familiares; no por nada “tira” la imagen de niña para proteger por lo que quizá una amplia mayoría se procure mujeres mucho más jóvenes.

La mujer quiere creer que su hombre sólo la desea a ella.
El varón quiere creer que su mujer le es incondicional.
Ambos se mienten, y sobre esa bonita mentira construyen.

Pero la mentira es necesaria. Como la ficción que nos alimenta y con la que nos criamos; como los cuentos que nos cuentan para dormir.
Seguimos queriendo creer en los amores. Porque “que los hay, los hay.”

No incondicionales, claro; el único amor incondicional se da entre padres e hijos. De ahí la confusión varonil: mezclamos el amor tierno; nos sentimos padres y/o hijos de ellas.

El amor de la mujer depende de un proyecto. Y cuando el proyecto de cada uno se tuerce hacia otro lado, el amor se termina.
Y hoy se termina cada vez más pronto. Hay menos aguante y más zapping.
Al lógico “Te amo, pero si no querés tener hijos te dejo de amar”, puede seguirle un menos lógico “Te amo, pero si no querés irte a vivir a La Cumbrecita conmigo, mi amor se desvanece”.
O un:“Te amo, pero si le ponés muchos “me gusta” a otras, comienzo a dudar de mi amor hacia vos”.
O: “Te amo, pero si no me acompañás al dentista, mi amor se desilusiona” o hasta un: “Te amo, pero si no tenés cambio de 100, me empezás a gustar menos.”

Los motivos de ruptura, pueden llegar a sonar ridículos.
Pero queremos creer. Seguimos queriendo creer.
El álbum de fotos, tira.